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Imagen de sí y transición: dos jóvenes comparten sus experiencias


por Iswari España-Mejía, San Francisco, CA

Para muchos latinos con discapacidades, hablar de y aceptar sus discapacidades generalmente implica emociones encontradas. Hay quienes sienten sentimientos de felicidad, tristeza, rabia hacia la familia y, a veces, odio hacia sí mismos.

En este artículo, ofrezco la historia de dos jóvenes latinos cuyas vidas cambiaron al aceptar sus discapacidades. Estos jóvenes compartieron sus experiencias de cómo lograron sus sueños y aspiraciones de ser económicamente independientes.

Para ellos, la independencia económica es parte de la autosuficiencia traducida a la capacidad de pensar correctamente, lo que les ayudó a adquirir la capacidad de tomar decisiones y gozar al máximo la vida mientras se desarrolla dentro de una sociedad llena de ignorancias y prejuicios.

Al hablar a los jóvenes sobre sus discapacidades, generalmente me responden cosas como "No me gusta hablar de ello" o "Si se lo digo, manténgalo anónimo", a lo que asiento porque reconozco que cuando se comparte la experiencia y respeta sus deseos se ayuda a sanar y a recobrarse.

Considere las historias de Mario y Roberto (no son sus nombres reales). Estos jóvenes comprendieron que sus aspiraciones personales de autosuficiencia no se cumplirían si no aceptaban sus emociones y discapacidades.

La razón básica es que estaban teniendo problemas al pasar a una fuerza laboral en una etapa de la vida cuando más la necesitaban. Se convertían en adultos y necesitaban hacerse económicamente independientes de sus familias rápidamente.

Mario y Roberto tienen discapacidades de aprendizaje que las medicinas aumentan. La condición de Mario es congénita y la de Roberto apareció por depender de químicos. Ambos necesitan medicinas para apoyar y encontrar balance en sus vidas. Paradójicamente, el apoyo que les mantiene vivos también produce cicatrices emocionales, físicas y mentales.

En Mario, que acaba de cumplir 18, el tratamiento le ha hecho aislarse y ha desarrollado inseguridades en sí. En Roberto, la adicción a químicos fue su fuente de seguridad y ahora la de su discapacidad. La dependencia a químicos le impidió lograr un componente clave de la autosuficiencia, el empleo seguro. Aislados o menospreciados, decidieron que se vengarían de la sociedad y comenzaron a meterse en problemas con la ley.

Las historias de Mario y de Roberto son complejas porque el esforzarse para lograr los sueños puede ser un camino traicionero. Ambos pasaron por el sistema de justicia criminal juvenil que a veces les restringió y atrapó en sus estereotipos. Su pasada por este sistema les impuso barreras para conseguir trabajo estable porque automáticamente perdían el atractivo ante los posibles contratistas.

Mario dijo que "No se trataba que estuviésemos rompiendo la ley. Si caminaba en la calle oyendo mis audífonos por mi cuenta, la policía pensaba que andaba volado o vendiendo drogas". La policía no solamente le violentó por tener discapacidades, sino también por ser latino. Explicó que "Todos creían que era un niño malo" y agregó "Cuando resistía el arresto, todos me miraban con esa mirada de 'ya sabía'. A la gente le hice pagar mis frustraciones. A veces tenía conciencia de lo que hacía y otras veces no".

Roberto, de 20 años, compartió una situación parecida y dijo "Otros jóvenes me miraban admirados y creían que yo era chévere porque estaba tomando tantas medicinas". Explicó que solamente comenzó a juntarse con otros jóvenes que ya tenían adicciones. La policía no hizo diferencias entre Roberto y sus amigos. Creyeron que tal como ellos, Roberto participaba en actividades ilegales y en el tráfico de drogas y predeterminaron que era culpable por asociación.

Ambos jóvenes recuerdan su juventud con tristeza. Los niños siempre se reían de ellos por su apariencia. Mario acotó que "Era como si gozaran haciéndome infeliz e incómodo"

Según Mario, "Creí que si tanto la ley como la administración escolar creían que yo era un malandrín, les haría la vida imposible. Los perseguí con violencia física. Perseguí a los que se rieron de mí". Pero esa violencia que salió no se sabe de dónde llegó a un precio alto, dependencia de drogas y un historial criminal.

El momento de lucidez llegó cuando trataron de buscar trabajo. Muchos de los patrones rechazaron sus solicitudes. Los niños no podían controlar la forma en que otros les percibían. Se esforzaron en actividades positivas que les ayudaron a conseguir sus objetivos. La gente y la sociedad les había dado el mote de malas personas. Reconocieron que debían trabajar para cambiar aquellas imágenes antes que se les entregara responsabilidades y empleo.

Roberto dijo "Me di cuenta que esa gente negativa no pagaban mis cuentas. Me menospreciaban y no eran mis amigos. Así, ¿qué me importaban sus opiniones?" sabiendo que su asociación con gente que se metía en problemas era solamente por la necesidad e socializar con otros que tenían experiencias parecidas.

El y Mario decidieron que si necesitaban ayuda emocional, necesitaban hablar con otros jóvenes que estaban en la misma situación, y decidieron unirse a grupos de apoyo por semejantes.

Roberto entendió que era difícil mas necesario. Trató de encontrar a por lo menos una persona con quien hablar y habló abiertamente con su familia de sus frustraciones,

Mario recuerda cómo se sintió tras hablar a un administrador de casos en un programa juvenil local. La reunión sirvió de apoyo positivo y como un golpe de confianza. Dijo que "Los administradores de casos escucharon mis necesidades... A estas alturas, creía que a nadie le importaba".

Mario y Roberto se dieron cuenta que debían continuar con su educación, ya interrumpida por factores negativos, gente ignorante y rabias personales. Se dieron cuenta que sus discapacidades no desaparecerían y que, como expresara Mario, "La vida es demasiado corta. Nada es gratis en el mundo. Tengo que cuidarme a mí y a mis sentimientos".

Irónicamente, estos jóvenes nunca se habían encontrado y esto hace que sus historias sean asombrosas porque tuvieron que enfrentarse a sus necesidades para lograr sus metas. Tuvieron que enfrentarse a su pasado antes de mirar hacia sus futuros.

Desde la última vez que hablé con los jóvenes, supe que Mario se había matriculado en una universidad local y que está tratando de lograr su certificado de equivalencia de enseñanza secundaria. Roberto ha comenzado a manifestar su interés en programas educativos para estudiar una profesión.