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La neoyorquina María Singer: sobresaliendo para competir con solicitantes de trabajo videntes


por José-María Medellín, New York, NY

foto de afuera de las oficinas de Jewish Guild
Afuera de las oficinas de Jewish Guild for the Blind donde María Singer trabaja como Trabajadora Social Clínica Bilingüe Licenciada

El perder la vista de un momento a otro puede ser devastador. Hace diez años atrás, mi visión pasó de normal a cero en seis meses. Mi depresión se hizo evidente después de quedar ciego y me refirieron a Doña María para recibir orientación. Ella sabía lo que era la pérdida y sabía que ella había estado ciega por ya largo tiempo. Siendo su cliente, sabía que era española, pero me tomó una década saber más de sus pérdidas físicas y personales.

Creciendo en España y en Bronx
María nació con degeneración genética de la retina, por lo que tenía impedimentos visuales. En la ciudad donde creció en España no había escuelas para ciegos; por lo que, oyendo en la escuela normal, aprendió algo de geografía y las tablas de multiplicar. No podía ni leer ni escribir ya que la letra era demasiado pequeña para que la pudiera distinguir.

Recuerda que "Como no podía leer la letra, sabía que no podría ser como los otros niños; pero jugaba y hacía mis tareas como todo el mundo y nunca me sentí diferente, especialmente porque no conocía ni niños ni adultos ciegos".

Su madre murió cuando doña María tenía 5 años. A los 12, se mudó a Bronx, en Nueva York, con su padre, madrastra y hermana. Por esos días, los niños ciegos tenían que vivir en el instituto para ciegos New York Institute for the Blind para poder educarse. En esta escuela, donde vivió por dos meses, comenzó aprender braille, inglés, lectura y escritura y otros temas; pero echaba de menos a su familia, no le gustaba la comida y se sentía sola porque no hablaba inglés.

El cambio del internado a la escuela normal
En el otoño, su padre le pidió al Comité de Educación que la cambiara a la escuela pública. Durante su primer año en esa escuela se esforzó, llegaba a casa a las cuatro de la tarde, almorzaba y estudiaba con la ayuda de su familia hasta las diez de la noche.  Los fines de semana no eran tan diferentes, porque leía todos los libros que cayeran en sus manos. Al final de ese año intensivo, pasó a sexto y ya estaba lista para comenzar la secundaria.

Doña María se integró a los compañeros de curso en las dos etapas de la escuela secundaria, donde un "monitor", un compañero de clases, le ayudaba con las clases llevándola y, si era necesario, copiar las anotaciones. Los estudiantes con impedimentos visuales se reunían en la "clase de braille", donde un maestro transcribía las anotaciones y pruebas al braille y a la palabra impresa. Este largo proceso preparó a doña María para funcionar en cualquier escuela e incluso en la universidad.

Tratando de conseguir trabajo y el regreso a los estudios
Como muchos graduados de secundaria, ella soñaba con conseguir trabajo y llegar a ser independiente. A pesar que su padre quería que estudiara en la universidad, decidió trabajar en una fábrica por algunos años y luego desarrollando negativos en un laboratorio de rayos X. Empero, el chato trabajo manual luego le aburrió y decidió estudiar para un título en trabajo social. En esos días usaba un perro guía y sus amigos le ayudaban a leer los materiales de estudio. Pocas veces usó los servicios de la oficina para estudiantes con discapacidades en la universidad ya que generalmente se conseguía sus propios lectores. A comienzos de cada año, doña María se presentaría ante sus maestros y les pedía que leyeran las anotaciones que escribían en la pizarra, que la llamaran en voz alta cuando alzaba la mano y que le dieran opciones cuando se hacían exámenes.

Encontrando una vocación
Desde que era una niña en España, a doña María le gustaba ayudar a otras personas necesitadas. Cuando alguien se enfermaba, le cuidaba y alimentaba como si fuera normal. Después de su período de infelicidad en el Instituto para Ciegos de Nueva York, su padre la llevó a conocer a una trabajadora social. A doña María le fascinó saber que era ciega como ella.

Me dijo que pensó -"¡Esto es lo que me gustaría hacer y lo puedo hacer! E alguna manera, esta trabajadora social se hizo mi modelo".

Aunque doña María tenía un objetivo profesional claro, reconocía que la ceguera limitaba sus opciones.

Recuerda que "Siempre quise ser parte de una profesión de ayuda; pero cuando estudié antropología en la universidad, casi ya no quise. Pensé que si pudiera ver, definitivamente estudiaría antropología".

Bajo la orientación de su padre
María considera que su mentor es su padre. El creyó que la razón más importante para viajar a Estados Unidos era que aquí ella podía ser lo que quisiese.

Está de acuerdo con sus palabras y las recuerda: "Lo puedes hacer, no hay nada que te lo impida; pero tienes que aprender el idioma y educarte".

Como española, doña María cree que, en este país, los hispanoparlantes con discapacidades que buscan trabajo tienen la oportunidad de llegar a ser profesionales de éxito y ofrece algunas ideas:

  • Aprender inglés: tal como su padre, ella cree que tener fluidez en inglés es muy importante.
  • Obtener un título: Lo útil es lograr educación superior, en lo posible de una universidad reconocida. Sacarse buenas calificaciones.
  • Sobresalir en su trabajo: para la gente con discapacidades, ser bueno no es suficiente si desean competir con solicitantes a trabajo calificados. A los empresarios debemos darles incentivos para contratar a una persona que necesita adaptaciones especiales.
  • Compórtese profesionalmente: Siempre llegue a la hora y bien presentado.

Le pregunté a doña María por qué la persona con discapacidades debería esforzarse por tener una profesión si el gobierno le ayuda con los ingresos, seguro médico, sellos de comida y habitación subsidiada.

Conversa sonriendo -"A alguien le decía que en mi primer trabajo ganaba $60 menos que lo que recibía de ingreso por discapacidad. ¿Había estudiado en la universidad para ganar menos? Les digo. Me sentía mucho mejor, mi amor propio había aumentado, tenía identidad, me sentía como una persona integrada normalmente a la sociedad".

Doña María Singer se graduó de la universidad de Nueva York y, desde 1981, ha fungido como Trabajadora Social Clínica Licenciada bilingüe en la clínica de salud mental de The Jewish Guild for the Blind.

José-María Medellín ha estado ciego por 10 años como resultado de una Retinitis CMV. Vive en la ciudad de Nueva York y escribe constantemente para publicaciones en inglés y español.