María Romero: No hay barrera que la venza
por
Alma Almanza, Salinas, CA
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María Romero, hija de inmigrantes que vinieron a Estados Unidos desde Michoacán, México, llegó a California 12 años atrás cuando tenía los 28 años. En Michoacán, María are una cirujana con varios años de práctica.
Siendo sola con dos hijos en éste, su país de adopción, María tuvo que trabajar para sobrevivir. Al anochecer tomó clases de inglés y luego tomó clases de enfermería mientras trabajaba en una clínica de rehabilitación, donde trabajó por tres años y aprendió destrezas que le permitían ganar un salario mejor.
María pidió permiso sin salario en la clínica porque necesitaba que le extirparan un tumor pero, como su contratista no deseaba esperar el mes que tomaba la recuperación de la operación, tuvo que buscar otro trabajo después de recuperarse. Encontró trabajo como médico asistente en un pediatra, puesto que mantiene hasta ahora.
María quería volver a su amor original, la cirugía. Para poder practicarla en California, ella tenía que aprobar un examen riguroso. El proyecto para doctores extranjeros Welcome Project le ayudó a matricularse en clases en San Francisco para ayudarle a prepararse para el examen.
En octubre de 2003, su oftalmólogo le diagnosticó Retinitis Pigmentosa, que es una condición que afecta la retina y la deteriora gradualmente hasta la ceguera y le recomendó que evitara forzar su vista porque aceleraría la pérdida de la visión. María abandonó las clases de enfermería y las de capacitación para llegar a ser cirujana. A pesar de ello, no se descorazonó por la posibilidad de perder la vista. Dice que sus niños fueron las que la motivaron y dieron fuerza.
Ella comenta que "Tener una discapacidad no es el fin del mundo". Al presente, tiene planes para convertirse en una masajista certificada, una profesión que comenzará antes que su visión se deteriore al punto que no pueda mantener su trabajo actual. |