logo de proyecto visión, una página bilingüe de la red para Latinos con discapacidad
 English página principalrecursosboletínoportunidadeshistorias de éxitofaq/sobre proyecto visión
Sincronizando al cliente, al contratista y a los servicios de rehabilitación


por Concha Delgado-Gaitán, El Cerrito, CA

Al mirar hacia afuera por la ventana de su pequeño departamento, Margarita reflexiona de cuánto ha cambiado su vida desde aquellos sueños que tenía en El Salvador, su país acosado por la guerra. Fue su fuerte ética de trabajo  e infaltable fe que la mantendría viva, recobrarse parcialmente y conseguir trabajo después de haber quedado con discapacidades a causa de una embolia. En el verano de 2000, Margarita visitaba a su familia en El Salvador cuando un derrame cerebral que la dejó con discapacidades. Sus hijos adultos le mandaron dinero desde Oakland, California para que recibiera atención médica. Margarita consultó con todos los doctores que pudo en El Salvador hasta encontrar uno que le permitiese regresar a Oakland. Finalmente, a los cuatro meses le permitieron viajar de regreso allá.

Los inmigrantes salvadoreños tienen una historia muy especial en EE.UU. Las guerras desalojaron a miles de personas, desarraigándoles de sus hogares y dispersándoles por todo EE.UU. y otras regiones. Muchos de ellos encontraron casa en el área de la bahía de San Francisco. Gracias a la Clínica de la Raza en Oakland, más salvadoreños del área de la bahía pueden recibir atención médica culturalmente compatible en su propio idioma y con respeto a sus propios valores culturales.

Una clínica sobresaliente
De regreso en casa en Oakland, doña Margarita inmediatamente se comunicó con la Clínica de la Raza, el servicio médico local que atiene a la comunidad latina. Consiguió ver a un doctor que le ayudó a obtener terapia física y otros tratamientos.

Ella temía enfrentarse a lo que tanto otro latino tiene que sufrir al quedar con discapacidades, la rehabilitación inadecuada que se exacerba por diferencias idiomáticas y culturales. Se necesita una entrega de servicios competentes en las diversas comunidades donde los clientes necesitan proveedores de servicios que están familiarizados con su idioma y su cultura. En Oakland, donde vive doña Margarita, los latinos son un gran porcentaje de la población. Afortunadamente se tiene proveedores de servicios que son bilingües y biculturales.  La Clínica de la Raza ha dado servicios a la comunidad por años y da trabajo a personas que vienen de la comunidad a la que dan servicios.

Con la ayuda del doctor, ella se esforzó diligentemente para recuperar fuerzas mientras buscaba trabajo. Como ya no puede hacer trabajo doméstico, se le da servicios de rehabilitación laboral. A pesar de ello, todos sus esfuerzos fallaron porque no podía trabajar a tiempo completo. "Yo quería trabajar a toda costa. Siempre me ha gustado trabajar", dijo.

Capacitándose para un trabajo nuevo
Sin cómo mantenerse, doña Margarita fue al centro para la vida independiente (CIL) local para preguntar sobre las posibilidades de beneficios y se dio cuenta que calificaba para beneficios del Seguro Social. El recibir beneficios le tomó seis meses y le tomó dos años más conseguir terapia física y atención para recuperarse al punto que le permitiese trabajar. Un miembro del personal de CIL mandó a doña Margarita a servicios de rehabilitación para que la prepararan para otro trabajo; pero se lo impidieron sus limitaciones de inglés. Contando con ello, tomó clases de inglés.

Doña Loni, su consejera de beneficios se comunicaba frecuentemente con ella y le incentivaba para que aprendiese inglés. Dijo que "Margarita realmente enfrentó el desafío y, aunque le dije que necesitaba hablar más inglés antes de ir al programa de capacitación laboral, pero estaba determinada a conseguir trabajo inmediatamente. Como me pidió que le ayudara a seguir buscando trabajo mientras mejoraba su inglés, seguimos buscando sin tener éxito". A pesar de ello, doña Margarita siguió buscando trabajo por sí sola a lo largo del proceso.

Encontrando trabajo
Mientras aprendía inglés y encontraba trabajo, uno de sus hijos encontró en un periódico un anuncio de vacante de asistente. Se lo mostró a doña Margarita y ella se fue en bus cuarenta cuadras más allá, hasta la parvularia donde estaba la vacante.  Al llegar al centro infantil se dio cuenta que la dueña, la Sra. Nelson no hablaba español, pero le dio a entender que tenía la habilidad y el deseo de trabajar. La Sra. Nelson no estaba convencida que doña Margarita tuviera las fuerzas para ayudarle a hacer el trabajo de cuidado y de limpieza que se necesitaba en el trabajo, pero le pudo convencer que le reservara el trabajo hasta que llegara su hijo para ayudarle a traducir.

Cuando llegó su hijo, le tradujo y le explicó a la dueña había sido la persona más trabajadora que él había conocido y agregó que "Aunque el derrame le hizo perder algo de su movilidad, mi madre todavía puede hacer sola el trabajo de limpieza. En la rehabilitación se ha esforzado mucho para recuperar sus fuerzas. Ha hecho el tipo de trabajo que usted necesita por toda la vida y le puedo asegurar que lo hará muy bien".

El hijo de doña Margarita también le explicó que, a causa de su discapacidad, ella solamente podría trabajar a tiempo parcial: La Sra. Nelson consideró la petición y asintió a contratarla. Doña Loni dijo "Me siento orgullosa de la Sra. Rodríguez, pero le dije que ella debería seguir tomando clases de inglés para calificar para sus beneficios de discapacidad". Tomará clases de inglés en la universidad Laney Community College a partir de este verano.

Ahora, a cuatro años de la embolia, doña Margarita vive el acto de cuerda floja al igual que muchas personas con discapacidades – trabajando a tiempo parcial para suplir sus beneficios, aprendiendo inglés para mejorar sus opciones de trabajo, y usando su fe personal y disciplina para encontrar la fuerza para hacerlo todo. Doña Margarita ha triunfado porque trabaja esforzadamente y gracias a los asociados de servicios que trabajan con ella.