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University Blues


por Sandra Aldana

Ya de por sí entender las reglas, reglamentos, políticas y las clases en la universidad es difícil. Como estudiante extranjero que tiene las dificultades adicionales de entender el idioma, las leyes y los derechos que tienen los estudiantes se hace más difícil. Una muchacha brasileña con impedimentos visuales se dio cuenta que ese era el caso al trasladarse a Estados Unidos para hacerse periodista. Rachel Maggario es una joven activa y llena de vida que a primera vista se parece a cualquier otra estudiante universitaria. Así parece cuando los problemas de riñón y corazón la dejan bajarse de la cama, obligándola a irse de clases más temprano o limitándole las actividades sociales normales como cumpleaños o salir de noche con sus amistades. Recientemente Rachel celebró su cumpleaños, pero le costaba encontrar energías para mantenerse despierta después de las 10 de la noche.

Al llegar a la universidad, como estudiante dedicada, lo primero que hizo fue ir a la oficina de estudiantes con discapacidades para pedir acomodaciones y servicios (cada universidad tiene su propia oficina de servicios específica para esa universidad). Se dio cuenta que había una larga lista de espera y que era difícil conseguir materiales en braille. También se dio cuenta que las adaptaciones necesarias para resolver sus necesidades eran las más costo eficientes y las de menor utilidad. Además, le tomaba un término medio de seis semanas, casi la mitad del semestre para obtener los libros de estudio. Gracias a su determinación y habilidades de representarse, Rachel pudo obtener los elementos necesarios para cumplir con las demandas académicas del profesorado. Los recursos que tienen las universidades públicas son limitados y, como estudiantes extranjeros, se hace aún más difícil el acceso a ellos. Las universidades tienen obligaciones para con todos sus estudiantes, incluso los extranjeros y se hace importante que ellos conozcan sus derechos.

Barreras adicionales a las que sobreponerse

Como si los escollos de Rachel no fueran lo suficientemente complicados, en su segundo año la atropelló un carro al cruzar una calle en la universidad. Sufrió heridas serias y la tuvieron que hospitalizar. Quien la atropelló se escapó, pero un testigo le paró. Si no hubiese sido por lo humano del transeúnte, el chofer se hubiese escapado de culpa.

Rachel conocía los cruces de calle cerca de los edificios a los que iba y siempre le había sido posible escuchar el tráfico. Para poder escuchar los carros acercándose, ellos deberían ir a una velocidad de 25 millas o menos. Rachel está segura que el carro que la atropelló iba corriendo porque nunca le escucho. Mucho de su tragedia resulta incomprensible, pero para una joven estudiante extranjera esta tarea de mantenerse al tanto de todos los participantes parecía imposible de lograr.

En el embrollo, Rachel aprendió cantidades sobre cómo trabajar en temas legales y con políticas universitarias. La universidad no aceptó ninguna responsabilidad por el accidente a pesar que el accidente fue en la universidad y en un cruce peatonal. Así mismo, como resultado de las complicaciones legales, Rachel no pudo presentar cargos en contra el chofer. Muy a su pesar, tuvo que aceptar resoluciones sin juicio. Hubo varias barreras que no le permitieron presentar un caso más fuerte, incluso los prejuicios contra los extranjeros, la estructura política de la universidad, la falta de recursos y la debilidad de salud.

A pesar que la salud no le permite tomar un horario académico fuerte (necesita un trasplante de riñón), Rachel acepta los hitos recurridos en su vida y sigue en su interés por terminar sus estudios en el tiempo propuesto.