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Mi lucha por trabajar: los obstáculos virtuales se añaden al laberinto burocrático


por Diana Haugh, Donaldson, PA

A veces, cuando nos encontramos con obstáculos, se hace se hace difícil si el problema es nuestra discapacidad, nuestra etnicidad o simplemente las trabas burocráticas de todos los días. A veces puede ser una combinación de todos estos factores. En mi lucha por volver a trabajar, lo más difícil ha sido entender dónde está el problema verdadero. Ya sabiendo dónde dirigir nuestras energías, podemos comenzar a hacer progreso para abrir puertas.

Me inscribí en el programa Ticket to Work del Seguro Social hace un año atrás. Un consejero vocacional me diseñó un programa en el que tomaría clases en la universidad estatal para adquirir las destrezas necesarias. Mis discapacidades me hacen muy difícil ir a clases en la universidad y me inscribí en un programa electrónico. Es un programa de bachillerato en artes aprobado que duplica todo lo que se ofrece en la clase y tiene protecciones de integridad académica exigentes.

¡Interacción entre prejuicio y paranoia!
Se me hizo difícil entrar en la universidad. Mis documentos de matrícula se perdían constantemente. Me empecé a poner paranoica cuando se perdió el tercero de ellos. La universidad seguía insistiendo que nunca los había visto, pero mi consejero de rehabilitación vocacional tenía recibos de fax de los últimos dos. Hay gente que me ha dicho que han escuchado en la televisión que a los inmigrantes ilegales les dan de todo, incluso educación universitaria gratis y que eso les enoja. En la mente de algunos, creo que eso se traduce a todos los latinos o personas bilingües.  Empecé a preguntarme si se trataba de sabotaje. Después de perder la fecha límite de inscripción para el primer semestre, pedí ayuda al coordinador de minorías y al coordinador de discapacidades de la universidad. El coordinador de discapacidades no respondió, pero el coordinador de minorías, Lee Bostic, se portó muy bien. Reunió a todos en la universidad y juntos resolvieron el problema. Lo que había pasado era que en la universidad habían recibido mis documentos, pero alguien sin experiencia del personal los había archivado erróneamente. Yo me sigo preguntando por qué esto no pasa con otros estudiantes con discapacidades, pero lo importante es que ya pude comenzar a estudiar.

Se presenta un nuevo obstáculo
Ya he estado estudiando por un año y tengo un promedio 4,0. Tengo una oferta de trabajo al graduarme. Pero la batalla real solo está comenzando. La agencia de asistencia para la educación superior Pennsylvania Higher Education Assistance Agency, que es la agencia estatal que da financiamiento para la educación superior, me había dado una beca para estudiar. A mediados del año supe que la habían retirado.

La Agencia de Asistencia para la Educación Superior de Pensilvania, o PHEAA, (se pronuncia 'fea') como todo el mundo llama a la agencia becaria del estado, dijo que yo no calificaba para una beca porque estaba estudiando por vía electrónica. La reglamentación estatal exige que un estudiante financiado por PHEAA pase por lo menos la mitad de su tiempo en la clase. Yo sabía que algunos de los programas universitarios electrónicos son dudosos, pero el mío era en una universidad pública y un programa aprobado por el estado. El programa en que estoy es el mimo que PEA financia en el local de la universidad. La única diferencia es que yo estudio desde mi casa. Estos programas electrónicos los desarrollaron para que personas como yo, que nunca hubieran podido obtener educación avanzada, pudiesen participar igual que todos. Me parecía raro que un programa pudiera estar disponible para estudiantes con discapacidades, pero que su financiamiento fuera solamente para estudiantes sin discapacidades o para los que pudieran ir a clases en el local de la universidad.

El acceso igualitario al financiamiento es igualmente importante
¿Qué tiene de bueno el acceso igualitario al estudio si no hay acceso igualitario al financiamiento? Una clase virtual sigue siendo una clase. Muchos estudiantes universitarios reciben clases en hospitales, teatros, piscinas, gimnasios, campos y riachuelos. Si a esos ambientes se les puede considerar como clases, ¿por qué no la clase virtual? Un punto aún más poderoso a mi favor es que los reglamentos de la PHEAA, escritos muy anteriormente a la era electrónica, permitía el financiamiento parcial para escuelas por correspondencia. Si una escuela por correspondencia tenía aprobación, ¿no sería lógico que se aprobara más una clase virtual donde tengo la posibilidad de hablar con los maestros diariamente y mi trabajo se supervisa en tiempo real?

Le dije esto por teléfono a los de PHEAA, pero siguieron negándolo. Me comuniqué con el proyecto legal en discapacidades Disabilities Law Project, la firma legal de interés público de Pensilvania que intercede por los derechos de la gente con discapacidades y donde están especialmente interesados en casos relacionados con el derecho al trabajo. La abogada que me ayudó, Carlesha Halkias-Greene, me empujó a comenzar la pelea por mis derechos al escribir una carta a PHEAA pidiendo reconsideración.

Me agradó y sorprendió que PEA hiciera una contraoferta, que mandarían mi caso al comité de revisión de becas Special Grant Administrative Review Board para que ellos decidieran. La decisión no afectaría a todas las otras personas con discapacidades que necesitaran educación superior para volver a trabajar. Le pregunté a la Sra. Green si debía aceptar, si sería moralmente correcto aceptar un acuerdo que me beneficiaría solamente a mí. Me sorprendió al responderme que "muchos cambios llegan en incrementos pequeños. Con el tiempo, los pequeños cambios pueden sumar hacia una reforma beneficiosa para el sistema". Eso fue bastante estimulante, por lo que le respondí a PHEAA que aceptaría una beca de caso especial. Ya han pasado dos meses y todavía sigo esperando una decisión. Si no oigo de una pronto, voy a seguir adelante con la querella ADA, porque solamente se tiene 180 días tras la negación de acceso para presentar una querella ADA.

Personal simpatizante

Pero no he olvidado a la gente en mi misma situación que desea estudiar. He hablado con el representante de mi estado, el senador Rhoads, al que se reconoce como adalid de la educación y su personal me ha dado mucho apoyo y me estimula a que sea persistente. Puede que lleve tiempo, pero algún día revisarán los reglamentos para permitir el acceso igualitario a quienes tienen discapacidades físicas. Muchos de estos obstáculos no están ahí intencionalmente. La tecnología y la sociedad han cambiado tan rápidamente que se hace difícil mantener a la par a la legislación y los reglamentos. El legislativo nunca quiso negar financiamiento parejo a las personas con discapacidades y, la próxima vez que examinen el problema, estoy segura que desearán sacar las trabas que puedan al tiempo de mantener la integridad académica. Por ahora, sigo estudiando. Se hace muy difícil, pero lo he estado pagando con mis tarjetas de crédito con la determinación absoluta de ganar. Me gustaría contactarme con más estudiantes latinos que se enfrentan a obstáculos semejantes. Si usted se ha enfrentado a problemas similares, escríbame a haughd@mansfield.edu. Las experiencias compartidas y las lecciones aprendidas pueden ayudar mucho.