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¿Estudiantes de inglés como discapacitados de idioma? Delia lo cree así


por Leonor Coello, Rehabilitation International, Nueva York, NY

Delia Ortega es una mujer de 43 años nacida en Ecuador con un impedimento de movilidad. Mas ella cree que su discapacidad no es la movilidad limitada de sus brazos, sino su dificultad con el idioma inglés. Según ella, "lo que no me permite trabajar es el que no pueda hablar inglés es, no mis brazos".

La historia de Delia es parecida a la de muchos otros latinos que inmigran a Estados Unidos, donde llegó cuando era una joven. Ya estaba casada y tenía tres hijos. En Ecuador, trabajaba de enfermera en un hospital militar, un cargo que mantuvo por más de15 años. En Estados Unidos, el único trabajo que pudo encontrar es de obrera de fábrica o de cajera en una tienda donde el pago era muy poco.

La conocí en un grupo de apoyo y discusión para jóvenes latinas con discapacidades que es parte de Proyecto Visión. Al conocerla, me sorprendí de ver que su discapacidad era tan mínima y fue tato así que le tuve que preguntar cuál era su discapacidad porque no la veía. Delia respondió que no le sabía el nombre, que no sabía el término médico así que me la describiría. Sabía solamente que era hereditaria y que se la transmitió su padre, que tenía la misma condición.

Delia me dijo que su vida diaria era la de atender a su familia y su casa. Mencionó que su discapacidad realmente no había sido impedimento para hacer trajo de casa y que solamente se hacía notar cuando cargaba cosas pesadas. En su trabajo en el hospital su discapacidad solamente causó problemas una sola vez, cuando un paciente importante notó que las manos de Delia no hacían los mismos movimientos que las de otros y rehusó a aceptar sus servicios. Delia se vio forzada a decirle a su supervisor el por qué no podía ayudar a tan importante paciente, la primera vez que su supervisor supo de su discapacidad.

Al preguntarle que cómo podía ser posible que no   supiera nada de su discapacidad, me dijo que solamente había ido al doctor una sola vez por ella y le dijo que debería hacerse más exámenes porque su condición era escasa. No tenía seguro médico y, como la condición no afectaba mucho realmente en su vida, no fue a hacerse los exámenes adicionales. Cuando era niña sus padres no la llevaron al doctor para ver si su discapacidad tenía remedio. Doña Delia explicó que "Quizás no me llevaron porque no vieron la necesidad o porque le dieron poca importancia".

Ahora, Delia trabaja en McDonald's haciendo los sánguches. Al principio le fue difícil porque no podía hacerlos tan rápidamente como los otros, pero ha trabajado allí por ya casi dos años. Nunca le dijo al supervisor sobre su discapacidad porque no es obvia y porque puede hacer el trabajo.

Su discapacidad no le ha sido una barrera porque le ha sido posible trabajar las dificultades que le ha causado. Se considera una persona de éxito porque trabaja y porque está casada y tiene tres hijos. Por ahora, su mayor barrera sigue siendo el inglés, que no le permite hacer lo que estudió, lo que le gusta y para lo que la capacitaron, ser enfermera. Doña Delia ha tratado de estudiar inglés; pero dice que, con el poco tiempo que tiene entre el trabajo y la casa, se le hace difícil completar sus clases. Ha comenzado varios semestres sin terminarlos. También dice que si no puede ir a clases ahora, pondrá sus energías y esfuerzos en algo más. "Lo más importante es mantenerse ocupada y seguir avanzando", dijo.

Al cerrar, le pedí que me diera algunas palabras de aliento para otros que puedan estar en situaciones similares a la suya.

"La discapacidad la dejo de lado. No me rindo ante ella y no me significa una barrera. Sólo le agradezco a dios que estoy viva. Si hay otros que se sienten como yo, no dejen que su discapacidad sea un problema y manténganse firmes en lo que hacen. No oigan a quienes les dicen cosas negativas. Me siento feliz con mi familia, me siento completa. No dejo que la discapacidad me venza. Al llegar a este país me fue muy difícil dejar mi trabajo y aún más el comenzar a buscar trabajo nuevo. Al principio dejé que la tensión me sobrepasara, lo que me hizo tener problemas con mi marido y mis hijos. Me enojaba el no poder practicar mi profesión en este país por la barrera idiomática. Pero con la ayuda y la paciencia de mi familia, he vencido esas preocupaciones y no me he dejado vencer".

Mi última pregunta fue "¿No sabe el nombre de su discapacidad y si tiene remedio?". Contestó "No, definitivamente no. Entiendo que quizás con cirugía pueda recuperar el movimiento completo de mis brazos. Si el cortar el hueso es la solución, no lo haré. Realmente, no me ha sido la barrera más grande de mi vida".