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¡Sí, el cambio es posible: yo lo logré!


Por Alicia Contreras

Nací en la Ciudad de México en abril de 1966. Me dio polio cuando tenía un año y medio y, para mi gran suerte, cerca de mi casa había un centro de rehabilitación dirigido por una religiosa muy inteligente y una escuela bilingüe dirigida por una pareja americana. Estos lugares fueron muy importantes en mi niñez.  La religiosa que dirigía el centro de rehabilitación fue muy buena dando consejos a mi madre diciéndole que me tratara como si fuera cualquiera de mis hermanos.  En la escuela, nunca sufrí ningún tipo de discriminación y pude aprender inglés y español al mismo tiempo. En sexto grado pude mantener una conversación en inglés con un doctor japonés en Acapulco.

Preparándome para una carrera profesional

Cuando estudiaba sexto semestre en la universidad, me di cuenta de que lo que en realidad quería hacer era luchar por los derechos humanos.  Decidí titularme porque me gusta terminar lo comenzado. En mi noveno semestre, cuando era presidente de un club Rotario, me invitaron a participar en una capacitación de liderazgo de un mes en Mobility International USA (MIUSA) en Oregon. Renuncié a mi trabajo de ventas por teléfono en la Ciudad de México para ir ahí.  Cuando regresé, era una mujer con discapacidad empoderada y lista para liderear la transformación de mi comunidad.

Como resultado de una situación financiera difícil, problemas familiares y falta de oportunidades de trabajo, me fui a vivir a San Luis Potosí, donde me di cuenta que no había oportunidades laborales en el campo de la discapacidad para mí.  Las oportunidades de trabajo en ésta área eran solamente para doctores, psicólogos y otros profesionales; y todos los trabajos eran para trabajar “para” las personas con discapacidad, “sin” las personas con discapacidad.  Posteriormente me invitaron a trabajar como voluntaria un año en MIUSA y acepté. Mi primer reto era mejorar mi inglés, lo que logré en tres meses gracias a una beca en la universidad de Oregon.

Mi segundo desafío fue ayudar a traducir para MIUSA durante la Cuarta Conferencia sobre la Mujer de las Naciones Unidas en Pekín, China, donde tuve la oportunidad de conocer grandes organizaciones que posteriormente serían muy importantes para mis programas: Global Fund For Women (Fondo mundial para la mujer) y Whirlwind Women (Mujeres Torbellino) de Whirlwind Wheelchair International. Trabajando como voluntaria de tiempo completo en MIUSA ayudé con grupos de personas con discapacidad de todo el mundo que venían a recibir capacitaciones de liderazgo.

Participando en el Movimiento Vida Independiente

Al finalizar el año, sabía que tenía un interés especial en aprender del Movimiento Vida Independiente y trabajé como voluntaria durante tres meses en la Asociación del Valle para la Vida Independiente en McAllen, Texas. Como el director sabía que mi meta era volver a mi país y comenzar mi propio centro de vida independiente, me dio la libertad de hacer mis propios proyectos.

Tras entender que en Texas, tanto como en México hay cientos de personas con discapacidades atrapados en sus casas porque no hay transporte accesible, por la falta de tecnología (incluyendo sillas de ruedas, aparatos ortopédicos, andaderas  etc.), y/o apoyo familiar, decidí organizar un “picnic" para personas con discapacidad. Rápidamente organicé a los empleados para que me ayudaran. Fue fácil recibir apoyo de la comunidad, la prensa y el gobierno local, porque a todos les gustó la idea del picnic.

Asistieron entre 300 y 350 personas con toda clase de discapacidades al evento. Me sentí muy contenta de saber que esta actividad le cambió la vida a algunas personas porque algunos hicieron nuevos amigos, otros encontraron oportunidades de trabajo o simplemente se sintieron felices de haber sido invitados a un gran acontecimiento. Al término de mis tres meses de voluntaria, me ofrecieron trabajo en VAIL, pero me interesaba ir a buscar trabajo a mi país.

Regresando a San Luis

Al regresar a San Luis tenía algo de ingreso gracias a mi contacto con MIUSA, que me contrató para traducir su libro, “Fuertes, orgullosas y apasionadas”. Posteriormente obtuve apoyo de $7 000 para comenzar CEVIMUDI (Centro de Vida Independiente para Mujeres con Discapacidades) y comencé ayudando a una mujer. Hoy, seis años después, ella tiene un buen trabajo y, gracias a su buen desempeño, ha abierto oportunidades para muchas personas con discapacidad en diferentes áreas laborales.

Con el apoyo de varias organizaciones en San Luis, coordiné las actividades de tres programas de intercambio para personas con discapacidad de Estados Unidos patrocinados por MIUSA. Mi reto mas grande se presentó cuando ya casi se me acababan mis ahorros. Me di cuenta de que podía conseguir apoyo financiero para invertir en proyectos de CEVIMUDI, pero no para pagar salarios y yo necesitaba tener ingreso económico. Decidí escribír una propuesta para el gobierno municipal y me contrataron como Coordinadora de Programas para Personas con Discapacidades de la ciudad de San Luis Potosí.

Estaba asombrada de lo rápido que se pueden hacer las cosas cuando hay financiamiento disponible. Comenzamos con el primer autobús accesible y el primer taxi accesible en el estado, otorgamos más de 700 becas para personas con discapacidad y donamos como mil aparatos auditivos y 300 sillas de ruedas.

Silla de ruedas Torbellino

En Noviembre de 1997, apoyamos un proyecto para abrir una fábrica de sillas de ruedas Torbellino con mujeres con discapacidad. Muchas personas sin discapacidad comenzaron a entender nuestra problemática y comenzaron a apoyar nuestra causa. La mayor parte de mi trabajo en San Luis era local y, en el 2000, me invitaron a competir para obtener el New Voices Fellowship (Beca de Salario para Nuevas Voces) trabajando como directora de Whirlwind Women (Mujeres Torbellino) en la universidad estatal de San Francisco, en California, USA.

El programa Nuevas Voces me ha ayudado a lograr mi siguiente objetivo, poner en práctica lo aprendido a nivel internacional dentro de la lucha de las mujeres con discapacidad para lograr la participación igualitaria de la mujer con discapacidad en la sociedad y trabajar con efectividad a nivel internacional. He estado en Chile, Nicaragua, Tailandia, México, El Salvador, Uganda y Kenya. En todos estos países y en los Estados Unidos he sido testiga de que para las mujeres con discapacidad no es fácil cambiar su destino, pero lo podemos hacer cuando se nos presentan las oportunidades para aprender nuevas técnicas y crear nuestros propios trabajos. Por experiencia propia, sé que el cambio es posible.

Recursos mencionados en la narración: