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Un estudiante ciego de Chicago pone persistencia y tecnologia para crear una profesion


por Horacio Esparza y Araceli Garcia-Oczko

Foto de Araceli

Soy Araceli García-Oczko. Ahora trabajo como coordinadora de casos de rehabilitación en Illinois y llegar donde estoy no ha sido fácil. Deseo describir las dificultades enfrentadas en mi vida personal desde los desafíos de la escuela secundaria.

La escuela secundaria

Fue durante mi primer año en la escuela Curie High que me di cuenta que las cosas no me resultaban fáciles. La mayor parte del tiempo me la pasaba tratando de rendir lo mismo que el resto. Muchos de mis maestros nunca habían tratado con una estudiante con impedimentos visuales y se olvidaban de mis necesidades especiales.

En algunos casos, a los maestros se les hacía difícil ajustar su forma de enseñar para adaptarse a mi impedimento visual. Por ejemplo, cuando el maestro escribía en la pizarra lo debía leer en voz alta para que yo pudiera hacer anotaciones como el resto. Desafortunadamente, él generalmente se olvidaba de leer, lo que me impedía mantenerme al nivel de los otros estudiantes.

También me fue difícil hacer mis tareas sin la asistencia de equipo de lectura en casa. Cuando estaba en las clases de necesidades especiales en la primaria, la mayoría de mis libros tenían letra grande y no necesitaba usar una lupa para los deberes. Al llegar a la secundaria, todos mis libros estaban en letra de tamaño común y tenía que esperar que mis hermanos menores me leyeran el material. No fue sino hasta el año anterior a graduarme que pude leer por mi cuenta gracias a un instructor de movilidad que me ayudó a conseguir una máquina que ampliaba el texto a un tamaño que me era posible leer. En ese momento mis notas empezaron a mejorar y comencé a sacarme las buenas notas que me sacaba en la primaria.

Las cosas mejoraron en mi último año. Me nombraron para participar en una competencia para la mejor estudiante del año. Ante mi sorpresa, gané. Me invitaron a un almuerzo en la mansión del gobernador donde recibí el premio y me entrevistó un periodista del Chicago SunTimes .

Cursaba también mi último año cuando me presentaron mi primer consejero de rehabilitación. Era simpático, pero lento cuando se trataba de conseguir lo que yo necesitaba para tener éxito en la escuela y el trabajo. Después tuve mejores consejeros. Lo importante es asegurarse que el consejero da los servicios que necesita.

La universidad

El comenzar la universidad fue un desafío para mí porque era la primera vez que estaba fuera de casa. Fui la primera estudiante con impedimentos visuales en Rosary College. La universidad no tenía equipamiento especial para ayudarme en mis estudios. Me ayudaba con la máquina de ampliación que me habían regalado en la secundaria.

Rosary College compró tecnología de asistencia que se demoró todo un semestre en llegar. En ese primer semestre tuve que esforzarme mucho para no quedarme atrás.

Otro obstáculo grande para mí fue tomar clases de computadora. Unos meses antes de que la clase comenzara hablé con el profesor sobre mi discapacidad y las adaptaciones que necesitaba para completar el curso. Desafortunadamente, el profesor ordenó el equipo de tecnología de asistencia solamente al comenzar el curso y éste se demoró un mes en llegar.

Cuando llegó, el profesor tuvo dificultades para instalar el programa en la computadora. A fin de cuentas, solamente pude usar el programa menos de un tercio del semestre. La situación se empeoró por el hecho que el profesor no parecía entender que yo necesitaba la tecnología de asistencia.

El mundo laboral

Tras graduarme de la universidad, las dificultades siguieron apareciendo en mi vida y la mayor fue en mis intentos por conseguir trabajo. Los empresarios generalmente dudaban de contratarme a causa de mi discapacidad. Parecía que muchos de mis posibles contratantes creían que tener una persona ciega en su personal sería más un escollo que algo positivo. Generalmente salían con excusas creativas del por qué no estaba preparada para el trabajo. Por ejemplo, en un hospital me dijeron que uno de los requisitos de una asistente de psicólogo era saber dar inyecciones y sacar sangre. Tengo amistades que han trabajado en la profesión y otros que son psicólogos y ninguno de ellos ha escuchado nunca de una asistente de psicólogo que hiciese estas labores. Algunos sugirieron que consultara con un abogado para presentar una queja en discriminación laboral.

Otra de las experiencias que resalta es cuando me contrataron en Operaciones Comunitarias del Departamento de Servicios Humanos. Fue ahí cuando me di cuenta de lo poco que la gente sabe sobre trabajar con personas con discapacidades.

En mis primeros dos meses de trabajo no me dieron nada que hacer porque mi equipo no estaba disponible. Eso a pesar que en mi entrevista yo le informé al entrevistador de mis necesidades y el equipo que necesitaba. Me aseguraron que tendría de todo al momento de empezar a trabajar. Las otras personas que empezaron conmigo ya estaban bien encaminadas en su capacitación cuando mis adaptaciones llegaron. En el entretanto me dieron material de lectura, en letra chica, y tuve que usar mi lupa para leer. Finalmente, después de tres meses me mandaron a recibir capacitación formal. Nuevamente, el establecimiento de capacitación no tenía todas las adaptaciones necesarias cuando llegué.

Varias veces di aviso de mi situación a la consejera de la Oficina de Servicios de Rehabilitación. Cuando le dije lo que pasaba, inmediatamente mandó a alguien a mi oficina para evaluar mis adaptaciones. LightHouse for the Blind me pudo prestar una máquina de ampliación y un programa llamado Zoomtext que amplía las letras en la computadora. Estaba feliz de poder trabajar como todos.

En el transcurso de mi carrera he tenido que recurrir a la consejera de ORS varias veces para que me de consejo. En una ocasión me refirió a un señor Horacio Esparza, activista para personas con discapacidades.

Horacio también me ayudó a sobrepasar las barreras con las que me he topado en mi vida profesional, incluso la discriminación. Me siento agradecida por su guía y asistencia. A pesar de ello, aún me debo enfrentar a muchas luchas y también a pesar de los desafíos a los que me enfrento, tengo gran confianza en mí misma porque tengo el apoyo de grandes personas. ¡Qué diferencia hace cuando una se enfrenta a los obstáculos de la vida!