logo de proyecto visión, una página bilingüe de la red para Latinos con discapacidad
 English página principalrecursosboletínoportunidadeshistorias de éxitoanunciosPuentes hacia del trabajofaq/sobre proyecto visión
El miedo a la palabra que comienza con A, Amputación


por Joe Olvera, El Paso, TX

Esa vieja diabetes y su criminal socia, la gangrena, están complotando para matarme. Esta vez casi lo lograron. La columna que van a leer fue difícil de escribir y también lo será para leer, especialmente si el lector se siente incómodo en cuanto a las amputaciones y otros problemas médicos que sufren los diabéticos. Pero creo que se necesita hablar de ello. Si escribo de mi vida y de esta crisis, puede que haga que otros se cuiden más, especialmente si son diabéticos.

Déjenme empezar del comienzo. Pasé mi primera lucha entre la vida y la muerte en 1998, cuando las complicaciones causadas por una infección en el dedo pequeño del pie derecho. En esos entonces yo no sabía que sufría de diabetes. Era flaco e iba frecuentemente al baño, pero no le hice casos a lo que me decían de mi salud, aunque fueran de mi familia. Sabía que algo andaba mal. Me sentía mareado y atormentado. Me daban mareos que casi llegaban al desmayo. A pesar de eso, yo seguía pasándola bien sin tomar en cuenta del problema médico que me iba matando de a poco.

Pero había una lógica para no hacer caso a mi dilema. Francamente, me daba miedo ir al doctor. Creía que tenía SIDA, cáncer u otra enfermedad que podría matarme. A pesar de seguir negándolo, traté de obviar que algo terriblemente malo pasaba con mi dedo pequeño. Se estaba poniendo negro. Como cualquier idiota, traté de curar la infección. Me trataba de convencer diciéndome "Ya se irá, me decía yo mismo. Solamente hay que poner un poco de alcohol. Ya se mejorará". Pero no estaba nada de bien porque el gas de la gangrena había invadido a mi dedo.

Finalmente, un cirujano ortopédico me dijo que me tendrían que cortar el pie, a lo que me opuse. Aunque la operación era lo único que podría salvar mi vida y la única forma de completamente matar la infección, no quería pasar por esa detestable operación. No había otra posibilidad. ¿Me entienden? Había que amputar los cinco dedos. Y vuelve a aparecer esa odiada palabra que comienza con A. No hay manera de evitarlo. Eso pasó hace seis años. Mi decisión de no permitir entonces que me amputasen el pie me dio seis años más del uso completo de una extremidad que tenía todas sus funciones a pesar que era solamente la mitad de lo que antes había sido un pie. Estaba perfecto.

Pero ¿lo cuidé de la manera en que lo debería haber hecho? ¡No! Bueno, en verdad que lo cuidé lo mejor que pude. Ahí está la clave, lo mejor que pude, y no de la mejor manera que podía el doctor. Como les contaba, seis años después, en enero de 2004 me di cuenta que me sentía muy enfermo. Sentía que tenía la cabeza como si fuera el doble en tamaño y no podía comer nada sin botarlo. Ni comida, ni agua, ni remedios. Vomitaba todo lo que llegaba al estómago. A pesar de todo, yo seguía negándolo. Mejor era sospechar que se podía tratar nuevamente de mi pie, pero no quise ver esa posibilidad. Por supuesto que ya saben por qué. Le tenía miedo a la amputación. Mejor que eso, LE TENÍA MIEDO A LA AMPUTACIÓN. Contra toda mi inteligencia, contra todos mis instintos, seguí creyendo que tenía un constipado estomacal o algún otro tipo de virus. Pero en el fondo de mi ser, sabía que lo único que podía estar causando esta incomodidad era mi pie.

Aunque temía lo peor. Acepté lo inevitable. Finalmente le pedí a mi bella esposa Julieta que me llevara a emergencia donde me enfrenté al fantasma terrible. El doctor me dijo que se me había infectado mi pie y que creía que no lo podía salvar. Mi pesadilla se estaba transformando en verdad. Le rogué al doctor que no lo amputara. Le rogué que me salvara el pie tal como estaba. Dijo que no. Después de pensarlo mucho, mi señora y yo decidimos que la amputación era lo único que me podía salvar la vida. Me hicieron la operación que más temía, la operación de la A, donde me cortaron el pie derecho completamente. En realidad el doctor me sacó más que el pie. Me amputó como cuatro pulgadas por debajo de la rodilla. Lo más extraño fue que inmediatamente después de la amputación me sentí como nuevo. Ya no tenía pie derecho, pero habían sacado completamente la gangrena. De pronto me nació el apetito nuevamente, empecé a comer hasta lograr mi buena salud.

Al escribir esto, me siento feliz de decir que estoy a punto de que me pongan mi nueva prótesis. Por ahora estoy usando un "calcetín de encoger" que prepara el chongo para que acepte la prótesis. Nunca pensé que sobreviviría algo tan traumático como perder una pierna, pero estaba equivocado. Creo que soy más fuerte de lo que pienso porque ahora lo veo como un desafío. Otro desafío más, un escollo en el camino de la vida.

Hoy en día, estoy realmente esperando mi pierna nueva. Después de todo, un hombre necesita una pierna para estar de pie. Ahora me río de ello, pero en verdad que no es divertido. Pero qué le voy a hacer. Tengo que aceptarlo y seguir adelante. No hay otra, o ¿sí?