logo de proyecto visión, una página bilingüe de la red para Latinos con discapacidad
 English página principalrecursosboletínoportunidadeshistorias de éxitofaq/sobre proyecto visión

Lo indecible

 

Regresar al índice

por Alice Chen, Berkeley, California


La hermana de Alice, Vicky, también presenta su experiencia de discapacidad en Taiwan en este boletín.

En mis propias experiencias, una de las grandes diferencias que hay entre lugares cuando se trata de protocolo de las discapacidades tiene que ser cuando la gente se da cuenta de la presencia de una discapacidad. Un ejemplo que yo he encontrado es cómo la gente maniobra alrededor de un bastón blanco.

En Estados Unidos, he notado que la gente se sale de mi camino cuando voy hacia ellos con mi bastón. Puedo generalmente escucharles diciendo a sus amigos que se fijaran –probablemente porque ellos no estaban en posición de verme venir. En cambio, en mi viaje a Taiwán en un programa de estudios algunos años atrás, estas acciones no sucedían mucho en la calle. No me di cuenta de aquello porque a pesar de que agradezco el gesto, no es algo que espero que haga la gente. No fue sino hasta que un día, cuando uno de los amigos que hice en Taiwán me mostraba la ciudad y uno de los transeúntes se salió del paso para que yo pasara, que mi propia sorpresa de tal acción me hizo darme cuenta que tales acciones no ocurrían con tanta frecuencia en Taiwán.

El incidente me hizo recordar de otro estudiante con impedimentos visuales con el que me encontré allá. De mis propias observaciones sobre la forma en que se movía, creo que podía tener menos visón que la que yo tengo; pero se negaba a usar un bastón. Repitió varias veces que esto era porque no necesitaba uno. Parece que esto era de suma importancia para él. Solamente puedo suponer que el acto de usar bastón a él le parecía que indicaba el ser menos autosuficiente de lo que él era.

Ambos incidentes me hicieron preguntarme si se consideraba vergonzoso el demostrar que se tiene una discapacidad o si los bastones eran realmente escasos en Taiwán. Al hablar con una de mis amigas taiwaneses, me enteré que no era tanto por el problema de avergonzarse o la falta de comprensión sino algo de cortesía. Ella me explicó que, aunque desea ayudar a las personas con discapacidad, nunca sabe cómo hacerlo. ¿Qué sería lo apropiado y qué sería maleducado? ¿Sería ofensivo el ofrecer ayuda? Después de todo, a algunas personas no les gusta que le identifiquen como alguien que necesita ayuda, especialmente si no lo necesita.

Entonces, por un lado estaba el estudiante legalmente ciego al que no le gustaba que le entendieran como necesitado de un bastón, y por el otro estaba la persona que no quería ofender al ofrecer ayuda. Estas normas de pensamiento me hacen pensar que quizás la discapacidad no era un tema de conversación porque era más cortés y más cómodo para todos los presentes el pretender que no existía. De esa forma todos podrían tomar sus acciones en su propia manera – aquellos que no desean ser tratados de forma diferente no lo serían y aquellos que desean ayuda pueden pedirlo, pero que no se les moleste si no lo hacen.

Empero, creo que estas cosas están cambiando. Recientemente mi hermana, que actualmente está en Taiwán, me contó que ella usa el tren de alta velocidad y que lo encuentra tremendamente fácil porque quienes trabajan allí estaban aparentemente bien capacitados en cuanto a ayudar a un pasajero ciego. Hasta he escuchado rumores que hay planes para abrir una escuela de perros guías ahí mismo, en Taiwán.

formato para imprimir