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Estudiantes latinos encuentran otras vías al éxito

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por Lisa Tarricone, White Plains, NY







Victor Clark, adelante de un cartel con información sobre la discapacidad.
Victor Clark, el coordinador de VIVE


Fermín Jiménez, adelante de un cartel sobre VIVE
Fermín Jiménez, un estudiante en VIVE





El año pasado, Yessica Cruz, de veintidós años de edad, no tenía idea que estaría completando su General Education Development (GED) y esforzándose para lograr un objetivo profesional usando sus recientemente adquiridas destrezas computacionales. Hace un año atrás, las pocas destrezas idiomáticas de Edgar Sierra le llevaron a una baja actuación en la escuela lo que le llevó a un descorazonamiento y a la pérdida de amor propio que resultó en la deserción de la escuela secundaria. A pesar de ello, tras descubrir su pasión por las comunicaciones, ahora se encuentra tras una carrera en el ámbito de la música. Expresa que “Nada me puede detener ahora”.

 

Tanto Cruz como Sierra encontraron lo que se necesita para triunfar en el mismo barrio que les hacía fallar. Al desertar la escuela  pasaron a ser estudiantes en la escuela The VIVE School/ Yonkers Pathways to Success. Creada en 2008, VIVE es una escuela dinámica de servicio completo e intergeneracional ubicada en un barrio de alta pobreza y crimen en el lado suroeste de Yonkers, la cuarta ciudad en tamaño del estado de Nueva York.

Según un informe presentado por el distrito escolar de Yonkers, la ciudad alberga a la mayor concentración de latinos en el estado fuera de la ciudad de Nueva York y una porción importante de ella vive cerca o por debajo de los niveles de pobreza. El distrito también manifiesta que el 48.5% de su población estudiantil es latina y que la necesidad de apoyo en alfabetización está debidamente documentada.  Los impedimentos de idioma y culturales se combinan con las dificultades económicas en áreas urbanas a las que difícilmente se puede llegar y dar servicios, tal como ocurre en el suroeste de Yonkers, pone a la juventud latina ante el riesgo de analfabetismo, la pobreza, la participación en pandillas, el encarcelamiento, y el aislamiento.

 

La juventud latina con impedimentos físicos y del desarrollo dentro de estas áreas se ve desproporcionadamente marginada no solamente por los mismos riesgos, sino que por la vergüenza y estigma asociada con la discapacidad que comúnmente les impide buscar apoyo apropiado y servicios de transición. En algunos casos, a la juventud con discapacidades de desarrollo se le ha desincentivado dadas las pobres expectativas impuestas sobre ellos en los ambientes escolares públicos.

 

Joan O’Gorman, directora de los programas VIVE y Pathways to Success donde tanto Cruz como Sierra están matriculados expresa que “Las necesidades y circunstancias complejas de la vida pueden prevenir a que muchos jóvenes se mantengan [en un camino correcto] para conseguir el diploma de la escuela secundaria”. La señora O’Gorman explica que los cursos se dan por las tardes y tras la escuela para que los estudiantes puedan conseguir su GED y estar en otros programas de VIVE para así seguir trabajando y ayudando a sus familias.

 

Fermín Jiménez es uno de aquellos estudiantes y una historia de éxito para VIVE. Jiménez salió de su México natal  en 2001 y fue a Nueva York en busca de trabajo. Cuando se matriculó en clases en VIVE en 2008, no hablaba ni una palabra de inglés y “tenía miedo a todo”.  Su falta de amor propio y temores le impidieron encontrar trabajo significativo y “un lugar para sí mismo” hasta que, al completar varios programas educativos ofrecidos por Pathways durante el año pasado, recibió reconocimientos como Estudiante del Año de la New York Association for Continuing/Community Education.  Hoy en día prepara su hoja de vida y sueña con abrir su restaurante propio. Jiménez dice que “Ahora tengo confianza en mí mismo”.

 

Una de las consejeras de VIVE, Carol Gray, entiende los desafíos únicos a los que se enfrenta la mayoría de los estudiantes de la escuela y busca formas para integrarlos en sus programas. Gray explica que “Edgar [Sierra] estaba leyendo por debajo del nivel necesario para calificar para el programa GED, pero vi algo en él que me dijo que tendría éxito” y por eso lo admitió. Cruz indica que esta “atención extra” es la que motiva a los estudiantes a esforzarse hacia sus objetivos, añadiendo que  “Ellos desean que salgas adelante y se esforzarán para ayudarte a tener éxito”.

 

“La juventud latina con discapacidades del aprendizaje y físicas son la historia desconocida”, dice Víctor Clark,  profesor de VIVE. El Sr. Clark es el coordinador del nuevo programa de rehabilitación vocacional Partners for Success (PFS), ubicado en el Centro de Vida Independiente de Westchester (WILC por sus siglas en inglés) en White Plains. WILC, un centro de intercesión y recursos para personas con discapacidad dirigido por consumidores, abrió una oficina de captación en VIVE este invierno pasado para ofrecer servicios para las minorías con discapacidad y sus familias del suroeste de Yonkers.  

 

El Sr. Clark indica que los estudiantes del programa PFS de VIVE “llegan con problemas serios” resultantes de discapacidades psiquiátricas y del aprendizaje, hogares con desventajas económicas, y abuso de sustancias, mientras hay otros que están en transición del sistema de justicia criminal. La mayoría son latinos y tienen problemas que nacen de algún tipo de discapacidad desconocida por sus familias, sea por el estigma cultural o por la falta de conocimiento en general. WILC distribuye una lista de verificación a las familias latinas para ayudarles a identificar discapacidades que ayuden a sus hijos a calificar para una variedad de beneficios gubernamentales. En  la lista, que puede identificar discapacidades psiquiátricas o físicas, se incluyen puntos como “tendencias a sentirse triste”, “dificultades para retener información” y “tendencias a sentirse abrumado”.

 

Christina Eisenberg, que tiene espina bífida,  dice que para las familias latinas el identificar una discapacidad en un niño es una cosa, pero que aceptar que el niño es un “individuo completo” es otra. Los padres de Christina le educaron en casa hasta que cumplió los trece años, protegiéndola del mundo que creían que le rechazaría por ser latina con una discapacidad. Dice que [a una persona con discapacidad] “Se le ve como si fuese la condición –la discapacidad- a cambio de vérsele como persona. Mis padres no tenían ninguna expectativa de que yo triunfase por mis propias habilidades... no me dieron las oportunidades de probar y fallar en la vida”.

 

Tras matricularse en la escuela Henry Viscardi School, una comunidad educacional apoyada por el estado de  Nueva York para estudiantes con discapacidad en Long Island, Christina tuvo su “primera visión de personas con discapacidades de todos tipos participando en la vida”.  Empoderada por el ambiente de apoyo y las altas expectativas de esta escuela, ella pasó a recibir su certificación de profesora de educación especial de la Universidad de Nueva York y en la actualidad trabaja a tiempo completo como intercesora para los estudiantes con discapacidad en WILC y VIVE.

 

El programa PFS en VIVE se basa en tres principios fundamentales: autoconocimiento personal, responsabilidad personal, y empoderamiento. Clark pone énfasis en este último punto que mejor define lo que comunica a los estudiantes, no solamente con su programa sino con el ambiente completo en VIVE y otros programas similares que buscan trabajar con y acercarse a las comunidades minoritarias.

 

“Demuestran los talentos que los demás no pueden ver,” Clark les dice a sus estudiantes. “No permitan que nadie saque conclusiones sobre ustedes.” Al sugerir que los empleadores potenciales, los maestros o los consejeros vocacionales puedan tener expectativas limitadas de alguien que ellos ven como que tiene “deformaciones” físicas, Clark desafía a sus estudiantes a rechazar  las etiquetas que les imponen. “Les digo a mis estudiantes  que necesitan creer en ellos mismos; que hay suficientes personas en la vida que no creen en ellos”.

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