Las personas con discapacidades que viven en el Territorio de Puerto Rico de los Estados Unidos se podrían beneficiar enormemente si se asignan los beneficios del SSI en la isla
por Eric Jackson-Rivera, San Juan, Puerto Rico
|
En 1898, Puerto Rico pasó a ser posesión de Estados Unidos en el Caribe y, desde 1952, se le transformó oficialmente en Protectorado de Estados Unidos sin que fuese estado federado. Por consecuencia, la isla siempre ha sufrido algunas inconsistencias y ambivalencias en cuanto a cuáles incentivos, programas o beneficios federales son los que se asignan en ella. El ingreso suplementario Supplemental Security Income (SSI) es uno de tales programas: a pesar que los puertorriqueños son ciudadanos de Estados Unidos de nacimiento, el SSI no está disponible para ellos. A los puertorriqueños con discapacidades que verdaderamente no pueden trabajar a pesar que el empleo les alivianaría las dificultades financieras, este hecho puede ser una carga innecesaria y una oportunidad perdida que los habitantes de los otros cincuenta estados del país dan por otorgado.
Yo nací en San Juan a comienzos de la década de los 60 y crecí en Puerto Rico. Desde que tengo memoria, los Comisionados Residentes elegidos localmente, aquellos delegados de Puerto Rico que no tienen derecho a voto en el Congreso de EE.UU., han hecho un cabildeo continuo a los congresistas estadounidenses para dar el programa SSI a los ciudadanos estadounidenses calificados de Puerto Rico.
A muchos de quienes trabajan con la población indigente y gravemente discapacitada les gustaría ver que este programa se implemente en Puerto Rico. A pesar de ello, los críticos de las transferencias federales a Puerto Rico lo ven únicamente como una forma de perpetuar la pobreza en la isla si es que no se idea un plan bien definido para ayudar a quienes pueden adquirir las destrezas y capacitaciones necesarias para salirse de la vida que depende de los subsidios y beneficios gubernamentales. Puede que esta sea una meta honorable, pero no queda claro si el estado actual de la economía puertorriqueña lo permitiese. El relativo buen crecimiento económico que tuvo Puerto Rico en las décadas de los 50 y 60 cuando la economía de la isla hacía una transición de la agricultura a la industria fue el resultado de políticas y programas económicos innovadores de la Operation Bootstrap. Hoy, muchos economistas y analistas políticos proponen que las dificultades financieras a las que se enfrentan la mayoría de los puertorriqueños son resultado que la situación de protectorado ya ha cumplido su propósito y ya no tiene la capacidad de crear crecimiento económico y, mucho menos, de otro impulsar renacimiento económico
Esos argumentos solamente se añaden al debate sobre las ventajas o desventajas de las transferencias federales a Puerto Rico. Sin embargo, la creencia que Puerto Rico depende demasiado de las así llamadas transferencias federales parece algo que se generalmente se interpreta erróneamente tanto en Puerto Rico como en el EE.UU. continental. Un artículo reciente del analista político Luis Dávila Colón asegura que “un informe de la oficina gubernamental Government Accountability Office (GAO) de EE.UU. revela que los puertorriqueños reciben solamente de un 15 a un 20% de los fondos federales que reciben de promedio los ciudadanos continentales”. (2006: The Junk Year, por Luis Dávila Colón; El Vocero; página 43; 13/XII/2006).
Si la isla se convirtiera en el 51º estado de Estados Unidos, el SSI estaría disponible. Los proponentes de la estadidad de Puerto Rico constantemente usan la disponibilidad de pagos del SSI como arma para ganar apoyo local para aquella situación política. Quienes realmente necesitan el programa ven esto con esperanzas de recibir alguna asistencia contra las dificultades financieras. Pero al obviar sus opiniones políticas, muchos intercesores de la discapacidad parecer asentir que la economía local hace la situación especialmente difícil para quienes desean encontrar trabajo y tienen discapacidades. Un programa como el SSI ayudaría a muchos isleños que verdaderamente necesitan un ingreso adicional y los beneficios médicos que le acompañan.
Pero no se necesita vivir en Puerto Rico demasiado tiempo para darse cuenta que la mayoría de la gente aquí quiere, con o sin discapacidades, algo muy simple que es trabajo bien remunerado y de largo aliento.
Para las personas que se aventuran en el frágil mundo del empleo en Puerto Rico, las cosas son más difíciles. A alguien que recibe cualquier tipo de beneficios de Seguro Social comúnmente se le dice “Al menos tienes un chequecito seguro”. Ese ingreso no parará a pesar de la situación económica local volátil de Puerto Rico con sus idas y venidas. Por tanto, nadie se sorprende cuando los ciudadanos con discapacidades de la isla que tienen bajos ingresos se dan cuenta que existe un programa federal como el SSI para el cual ciertamente calificarían suena como si el departamento del tesoro les negara un ingreso mensual sumamente necesario que para ellos se convertiría en una vida bajo seguridad y protección.
A pesar de ello, en el amplio marco de las relaciones Puerto Rico-EE.UU., la sentencia final en su relación a veces enredada aún queda por escribirse.
formato para imprimir |