logo de proyecto visión, una página bilingüe de la red para Latinos con discapacidad
 English página principalrecursosboletínoportunidadeshistorias de éxitofaq/sobre proyecto visión
Cómo aminorar la disparidad entre la población con y sin discapacidades

por Joe Olvera, El Paso, TX



Aunque no es nada de fácil tener discapacidades, siempre me asombra la forma en que las personas con discapacidades graves siguen luchando para que la sociedad les acepte como miembros de la sociedad. Se sabe que no es fácil. Algunos estadounidenses tienen miedo de las personas con discapacidades porque no entienden lo que significa tener una discapacidad. Esto es cierto porque las discapacidades vienen en todos los colores, tamaños y crean desafíos diferentes según la naturaleza de la persona.

Es muy común que la gente que no tiene discapacidades tienda a ignorar o a alejarse de quienes tenemos discapacidades. Ya sea que la discapacidad es la ceguera, sordera o sea de movilidad como las amputaciones, o si se sufre de enfermedades debilitantes como esclerosis múltiple o de enfermedades mortales, la comunidad con discapacidades se transforma en una comunidad casi invisible.

Sobrepasando el vacío del malestar
Al momento de navegar por el año 2006, debemos recordar que las personas con discapacidades deben sobrevivir en nuestra sociedad. A pesar de ello, en muchos existe la tendencia a creer que quienes tienen discapacidades quieren aislarse, que no desean conversar de su situación.  En la mayoría de los casos, nada está más alejado de la verdad.  La verdad es que tendemos a ignorar a las personas con discapacidades solamente porque nos incomodan. Si nos encontramos con alguna, tendemos a desviar la mirada para que crean que no les estamos mirando, si es que pueden ver.

Existe en la gente una actitud casi macabra en la gente cuando se enfrenta con la posibilidad de tener que relacionarse con alguien que tiene discapacidades. De lo que los estadounidenses no se dan cuenta es que quienes tienen discapacidades solamente son personas que tienen discapacidades diferentes. Puede que no tengan las mismas habilidades que los que no tienen discapacidades, pero son hábiles. Nuestro trabajo como sociedad es reconocer y entender las diferentes habilidades que se nos presentan.

Proyectando arrojo, lanzándonos adelante
Siempre me asombro cuando veo a un ciego caminando las calles de una ciudad. Puede que sea ciego, pero no se sabría por su comportamiento. No temen a nada y, si tienen miedo, lo esconden bien. Desafiantes, caminan por las calles bullentes como si todo estuviese bien ni que un bastón o perro guía pudiese solucionar.

Sé de lo que hablo porque, como persona con discapacidades, yo mismo he visto la forma en que me mira la gente. Muestran gran curiosidad cuando me ven caminando de una manera que no está del todo bien. Aunque trato de caminar sin rengueo, no es fácil. Mi pierna prostética no siempre sigue a mi cuerpo ni mi otra pierna por lo que a veces giro sobre mi cuerpo sin quererlo. Es entonces cuando la gente me mira raro.

Aprovechando la oportunidad para educar a los niños
No cabe duda que los niños son los más obvios. Me miran sin vergüenza y observan mi pierna fijamente.

Cada vez que puedo les trato de mostrar lo que desean ver. No me da vergüenza y, verdad, me da la oportunidad de proyectar una educación críticamente necesaria. Les muestro mi prótesis. Hace poco, un grupo de jóvenes que jugaban en una tienda súbitamente pararon cuando entré rengueando en su campo visual. Ni rieron ni me apuntaron con el dedo, pero estaban curiosos.

Me senté y les llamé. Les pregunté si querían ver por qué rengueaba. Con inseguridad, todos dijeron que sí. Asintiendo, les dije que bueno, me levanté la pierna de los pantalones y les mostré mi prótesis. Pude escuchar su asombro y susurros mientras trataban de entender. Les pregunté si querían ver más y, nuevamente, asintieron inseguros.

Esta vez me saqué la prótesis para que vieran lo que quedaba de mi pierna. Nuevamente les podía escuchar susurrar y sus voces de asombro. Les dije que esto que me había pasado porque no me había cuidado de la diabetes. Si se tiene una madre o un padre con diabetes, asegúrense de cuidarles porque lo mismo les podría pasar a ellos. Luego, los niños, como niños, se recuperaron y se aburrieron de mi pierna al enterarse de qué se trataba. Siguieron jugando y desde ahí en adelante me ignoraron. Vieron, entendieron y se aburrieron.

Enfrentándose a los temores, un estadounidense a la vez
Por tanto, nosotros que tenemos discapacidades, cualquiera que ella sea, debemos educar a nuestros compatriotas. La gente desea entender, poro tiene miedo. Creo que el miedo viene del dicho "Por gracia de dios, ahí voy". Sí, también les podría pasar a ellos. Lo cierto es que nos puede pasar a cualquiera. Nunca creí que me amputarían algo, pero pasó. Todo puede suceder en este mundo.

formato para imprimir