Oponiéndose al "Síndrome Bendito" con amor propio
por
Nila Salgado, Ciudad de Nueva York, NY
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Cuando nace un bebé, llega al mundo sin ninguna noción de amor propio. Al desarrollarse, los mensajes que escucha a lo largo de su vida generalmente determinan cómo la niña se entiende a sí misma. Si a la niña se le dice que no puede hacer algo, lo creerá.
En la cultura latina, muchas madres son muy protectoras de sus niños y generalmente a un niño con discapacidades se le educa para depender de sus familias. La madre toma las decisiones por su hijo con discapacidades aún hasta cuando llega a ser adulto. Recientemente, en una actividad universitaria, una estudiante adulta llegó acompañada de su madre y, cuando esta se acercó a la mesa de información del Harlem Independent Living Center (HILC), la estudiante se quedó detrás de ella. Cuando la funcionaria le preguntó a la estudiante si estaba inscrita para votar, la madre se interpuso y le respondió que "ellas" no estaban interesadas en los servicios. La estudiante bajó la vista y siguió a su madre alejándose de la mesa a pesar que se mostrara interesada en la información sobre la participación electoral.
En la cultura puertorriqueña esto se conoce extraoficialmente como el síndrome "bendito", que significa que la gente tiene lástima por la persona con discapacidades y cree que si lo hacen todo por la persona, la ayudan. Este tipo de dependencia puede afectar el amor propio. A una persona que nunca se le permite funcionar por sí misma nunca podrá saber lo que puede lograr.
No se necesita tener un tremendo amor propio para cumplir con metas. Los pasos pequeños pueden llevar lejos al ayudar a una persona lograr metas y aumentar su amor propio. El ser autosuficiente aumenta el amor propio. Lo único necesario es tener un poco de paciencia y creer en sí mismo.
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