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Autodeterminación en el autoempleo

por Concha Delgado-Gaitán (El Cerrito, CA)

foto del carrito de comida de Mario Suarez
El carrito de comida de Mario Suarez en Fruitvale, California


A las 7:00, en el tráfico de mañana de un día de trabajo en una calle importante del distrito de Fruitvale en Oakland, California, hombres latinos empujan carritos de comida hacia una esquina, sea entre dos negocios o al lado de un estacionamiento. En estos carritos portátiles, uno puede comer fruta, tamales, tacos, tortas, pan dulce, horchata o café. Más que bocados deliciosos, los carritos de comida son fuente de autoempleo para latinos que no tienen otra opción. ¿Pero qué es lo que hace que un carrito de comida sea una empresa laboral? En este artículo, Mario Suárez cuenta su historia sobre la promesa y el problema de crear este tipo de empleo.

Según el U.S. Department of Labor (Office of Disability Employment Policy) , la población con discapacidades tiene mayores posibilidades de comenzar una empresa propia que las personas sin discapacidades (12.2% de las con discapacidades tienen su propria empresa comparando con 7.8 de las sin discapacidades). A las personas con discapacidades, el autoempleo ofrece la libertad de trabajar a su propia velocidad en espacios que están adaptados a sus necesidades. El ser propietario de una empresa da opciones a quienes necesitan horario flexible, espacio de trabajo accesible y otras adaptaciones. La Small Business Administration Office (Oficina de Administración de Pequeñas Empresas) informa que dado a las dificultades de encontrar trabajo apropiado, hay una creciente cantidad de personas con discapacidades y condiciones médicas crónicas que están comenzando empresas.

¿Qué se necesita hacer alguien que desea comenzar una empresa? ¿Dónde deben ir los latinos que hablan español y que no tienen ninguna experiencia como dueños o administradores de su propia empresa? ¿Qué recursos tienen a disposición? Si son residentes legales pueden recibir servicio de las agencias gubernamentales o de otras agencias sin fines de lucro como los centros de vida independiente (Centers for Independent Living - CIL). En cambio, si son indocumentados, no tienen acceso a muchos servicios.

Carritos móviles de comida

Aquí es donde la historia de Mario Suárez describe los desafíos a los que se enfrentan los trabajadores con discapacidades en una de las industrias de autoempleo más visibles de Oakland, los carritos móviles de comida. A pesar de no haber ido a la escuela y ser pobre, don Mario se gana la vida vendiendo tamales en un carrito móvil en los meses de más calor y piensa vender churros en los meses más fríos de invierno. La forma en que consiguió su independencia económica es muestra de su autosuficiencia, tenacidad e ingenuidad.

Sin que tuviera posibilidad de conseguir beneficios como resultado de su situación de inmigración, la educación de don Mario le preparó para las dificultades que se le avecinaban. Su tenacidad se empezó a formar en México a los 11 años cuando sufrió discapacidades serias. Se convenció a sí mismo que haría todo lo que sus amigos hicieran. Don Mario se aferró a sus deseos de jugar con sus amigos para lograr lo que no podía cuando ya parecía imposible mantener el traqueteo de ellos.

Sin embargo, por deseos de la fortuna su madre pudo encontrar a alguien que pagara su carísima cirugía y tratamientos en el Children's Hospital de Los Angeles. Ella lo acompañó en estos largos y pesados viajes al Norte. El mantuvo sus esperanzas a lo largo de las innumerables operaciones sabiendo que su condición mejoraría.

Don Mario pudo ganar muy poco de su movilidad al llegar a ser adulto y se comenzó a dar cuenta de cómo la gente percibía su discapacidad. Comenta que "Detesto a los que me miran con lástima. Me hace enojar". Cuando él percibe que otros le ven como si fuese menos capaz como resultado de su discapacidad, se comenta "Van a ver lo que puedo. Puede que tenga discapacidades, pero me esfuerzo en el trabajo". Esta determinación profunda es la que hace realidad los sueños de don Mario.

Aprender una profesión, mantener la autosuficiencia

Cuando era joven, don Mario convenció a un amigo mecánico que le ayudara a aprender el oficio. Con algo de experiencia trabajó en México y luego emigró a California donde no encontró trabajo como mecánico. "Al pedir trabajo, cuando la gente me veía con muletas ya creía que estaba loco de solicitar ese tipo de empleo. No podía convencerlos que lo podía hacer y que tenía experiencia. Tampoco me daban la oportunidad de comprobárselo".

Finalmente don Mario tuvo la suerte de conseguir trabajo como empleado de tienda en un mercadito de esquina de un amigo. Cuando vendieron la tienda, se encontró nuevamente sin trabajo y en la calle, golpeando puertas para conseguir algo. Esto le impuso una profunda desesperación. Unicamente deseaba tener trabajo para poder pagar las cuentas sin tener que contar con la ayuda de su hermano y sus amigos para hacerlo. Deseaba ser autosuficiente.

Asistencia del Center for Independent Living

Don Mario se enteró del Centro de Vida Independiente (CIL). Aunque no calificaba para los beneficios por intermedio de la agencia, llegó a conocer a la directora, doña Leticia Escalera. Por cuenta propia, ella se esforzó para darle apoyo y sacar su sueño adelante obteniendo los permisos para poner un carrito de comida en la calle. Pero aquellos no vienen en modelos listos para armar. Se tienen que construir y son caros. Nada desanimó a don Mario que, tras sacar los permisos, se sentó a diseñar su carrito para vender tamales. Después de pedir dinero prestado a su cuñado, compró los materiales para construirlo y convenció a un par de amigos para que le ayudasen a construirlo. Por la noche, don Mario cocinaba los tamales en una cocina de restorán local. A esas alturas, solamente faltaba una cosa más por resolver, ¿quién le ayudaría a llevar el carrito cada mañana a la calle y de regreso por la tarde? Don Mario responde rápidamente que "Lo único que sabía hacer era rezar. Le pedí a dios que me ayudase tal como lo había hecho todos los días desde niño, aislado en una sala de hospital".

Sociedad

Don Mario acabó en una sociedad con Jerry, un ciego que también estaba sin trabajo. Jerry tenía la fuerza para empujar el carrito, por lo que ambos colaboraron en esta nueva empresa. Esta nueva empresa donde don Mario vendía tamales en su carrito fue un éxito inmediato.

Don Mario se hizo fuerte al volcarse hacia su fuerza interior. Al hacerlo descubrió capacidad de subsistir y confianza para apoyarse a sí mismo. De la idea que don Mario transformó su vida al crearse un empleo propio, comenta que "Ha habido que trabajar mucho para mantener una imagen de fuerza, pero tengo una vida que satisface. Tengo novia, buenos amigos, pago mis cuentas. Fuera que necesito muletas para caminar, la vida me ha sido buena".

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