Centro de Vida Independiente urbano hace que los latinos con discapacidades participen en la comunidad
Por
Concha Delgado-Gaitán

Los niños ciegos aprenden sobre la cultura latina en uno de los tantos programas en que el participa el Centro para la Vida Independiente de Fruitvale.
El CIL de Fruitvale ha tenido éxito comunicándose con latinos con discapacidades y su propósito principal es el de dar información, asistencia y oportunidades de autosuficiencia a sus clientes.
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En 2003, el desfile anual de Cinco de Mayo en Fruitvale, California atrajo a las típicas muchedumbres que celebran la independencia que México ganó de los franceses y la continua lucha por la justicia social en la comunidad latina que vive en Estados Unidos. A diferencia de años anteriores, se dio un cambio notable, y fue que este año el contingente de personas con discapacidades marchó tras las banderas del Centro de Vida Independiente (CIL). Frente a un grupo de 18 personas que llevaban muletas y bastones iban seis personas en sillas de ruedas con un mensaje de CIL que leía "Somos valiosos y podemos ser productivos". Al grupo lo recibieron con grandes aplausos en las calles porque demostraban amor propio. Los participantes con discapacidades estaban integrados como parte de la comunidad. Gracias a CIL, las personas que tienen dificultades al presentarse ante la sociedad como personas con discapacidades estaban allí eliminando su vergüenza y estigma. La presencia de CIL en la amplia comunidad latina que vive en Fruitvale está haciendo una concienciación crítica - las personas con discapacidades son miembros contribuyentes de la comunidad.
El primer CIL se fundó en Berkeley ya hace casi 50 años atrás. Hace cuatro años que un CIL abrió oficinas en las cercanías de Fruitvale. Para muchos de los latinos con discapacidades del área, CIL se ha convertido en la respuesta a una manda. Siendo su directora Leticia Escalera, la oficina ayuda a los miembros de la comunidad en temas como habitación, beneficios de salud, asistencia personal, tecnología de asistencia e información y referencias.
El CIL de Fruitvale ha tenido éxito comunicándose con latinos con discapacidades y su propósito principal es el de dar información, asistencia y oportunidades de autosuficiencia a sus clientes. Al dárseles servicios médicos, orientación familiar y capacitación laboral, las personas con discapacidades pueden vivir tan independientemente como les sea posible. El personal es completamente bilingüe y atienden a personas que tanto hablan español como inglés. Doña Leticia aconseja a los clientes, dando fuerza a su confianza y ayudándoles a mantenerse abiertos a las posibilidades y alternativas que les puedan ayudar a sobrepasar obstáculos.
Las historias que enaltecen las contribuciones de CIL a la comunidad abundan. Por medio de la colaboración con el departamento de rehabilitación, CIL ha ayudado a muchos clientes a vivir vidas saludables e independientes. Hay quienes han sufrido lesiones que causan impedimentos y se les ha dirigido hacia posiciones laborales que no necesitan trabajo manual como recepcionistas y secretarias. Una de estas historias es la de Juan, que fue obrero fabril hasta que se lesionó la espalda y que no calificaba para ningún trabajo hasta que el departamento de rehabilitación lo mandara a tomar clases de inglés como segundo idioma y a capacitación laboral. A fin de cuentas, Juan llegó a ser supervisor de la misma fábrica donde trabajaba como obrero de ensamblaje. En un giro irónico, tras la lesión y la rehabilitación, Juan aprendió inglés y mejoró sus posibilidades de trabajo.
También está Lydia, que soñaba con ser maestra. Ella sufrió heridas que le previnieron seguir en el trabajo en la fábrica. Dos años después de sus operaciones, Lidia comenzó a tomar clases de inglés como segundo idioma (ESL) que la llevaron a seguir estudiando en la universidad local y a ser una asistente de maestra. Hace poco que recibió sus credenciales y se transformó en maestra.
Raúl, un inmigrante mexicano que ha tenido discapacidades desde la adolescencia, el encontrar trabajo como soldador en Estados Unidos ha sido casi imposible. Trabajó como soldador en México, pero creía que su discapacidad, visible, hacía que los patrones se manifestaran reacios a contratarlo. A pesar que Leticia acompañó a Raúl a varias entrevistas para confirmar sus habilidades, lo siguieron rechazando. Ella informa que "sugirió que se consiguiera un carro para vender paletas y, como él no tenía dinero para comprarlo, se lo construyó y vendía raspadas (helados de agua). Alguien lo vio y ofreció comprárselo por $5.000." A Raúl le cayó la mala suerte cuando alguien le rompió el carro y no lo pudo vender.
La suerte haría que un ciego del barrio oyó de Raúl y le ofreció ayuda para comprar otro carro y a moverlo de un lado a otro. Juntos venden raspadas en el verano y churros en el invierno bajo el auspicio de un restorán local para que puedan cumplir con los reglamentos de la ciudad.
El CIL de Berkeley cuenta con una larga historia integrando a la comunidad personas marginalizadas apoyándolas a buscar sus fuerzas internas y a maximizar sus recursos externos. Los empleados de CIL creen que las personas con discapacidades se pueden mantener a sí mismas en formas que las hace sentirse más dignas. Doña Leticia aboga decididamente por las personas que visitan el CIL y hace que cada cita con los clientes sea un momento útil lleno de posibilidades. Para ella, cada acontecimiento cultural latino es una oportunidad para hacerse conocer entre los latinos con discapacidades e incorporarlos a sus comunidades.
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