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Nosotras también tenemos voz: Una historia personal

Por Alma Almanza, Centro de Vida Independiente de la Costa Central (aalmanza@cccil.org)



Me llamo Alma Almanza y tengo 43 años de edad. Soy la mayor entre 7 hijos nacidos a una familia de trabajadores agrícolas. Nací en México y nos vinimos a vivir a los Estados Unidos cuando tenía 16 años. Mientras estaba en la escuela secundaria trabajé junto a mis padres en los campos durante los veranos y en algunos fines de semana para ayudarlos económicamente. Tuve la suerte de ir a la University of the Pacific, de donde me gradué con un bachillerato en sicología en 1983.

Ajustándome a una nueva discapacidad

En 1989, cuando tenía 30 años, me convertí en persona con discapacidades al sufrir cuadriplegía. Aunque mi mente podía funcionar, mi cuerpo no obedecía las instrucciones para que pudiese seguir viviendo la vida independiente a la que estaba acostumbrada. Fue difícil de aceptar, pero no estaba dispuesta a verme derrotada en la vida.

Regresé por tres años a la costa central de California a vivir con mis padres, tiempo durante el cual pude pensar lo que haría de mi vida para hacerla productiva y satisfactoria. Sabía que había algo que yo podía hacer aún de mi vida y esa fue la fecha en que me enteré de los centros de vida independiente. Por medio del centro de mi comunidad supe que seguía habiendo vida tras adquirir discapacidades. También aprendí que "mi nuevo cuerpo" necesitaba que a mi vida se le hicieran algunas modificaciones y adaptaciones para seguir teniendo una buena calidad de vida.

Recuperando la independencia

Ya he trabajado por 8 años para el Central Coast Center for Independent Living (CCCIL-Centro Para la Vida Independiente de la Costa Central), he adoptado la filosofía de vida independiente sobre la independencia y la libertad para escoger. Al convertirme en persona con discapacidades, llegué a entender que la clave para lograr mis objetivos habían sido mi perseverancia y la capacidad de ser consistente para lograr las metas que me había impuesto. Creo que la vida se trata de hacer selecciones y que las decisiones me beneficiarán como persona. Puedo escoger bien o mal. De cualquier forma, tengo que vivir con las consecuencias y selecciones; pero de cualquier forma, es lo que yo escogí.

Mi trabajo como activista me ha dado muchas satisfacciones cuando ayudo a nuestros clientes a ser más independientes. Pronto se dan cuenta que la vida tiene sentido y razón téngase o no discapacidades. Ellos pueden participar en sus comunidades participando en esos asuntos que afectan sus vidas. Nosotros también tenemos el derecho a expresar nuestras opiniones. Me siento orgullosa de ser parte de la comunidad con discapacidades y de haber aprendido a darme cuenta que el mundo está lleno de personas con capacidades diferentes. Podemos participar en nuestras sociedades tanto como lo pueden hacer las personas sin discapacidades. La inclusión es algo maravilloso.

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