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Nací en Perú y, cuando bebé,
me adoptaron y vine a vivir a Nuevo México con mis padres.
Una de las cosas que cuento como tragedia real de mi vida es crecer
en Albuquerque y no haber aprendido español. Si se crece
en cualquier parte de los Estados Unidos y se aprende español,
¡por seguro que es en Nuevo México donde existe una
gran población hispana! Pero nada más llegado a los
EE.UU., caí en el "fundidor cultural".
El fundidor cultural mítico
De seguro que ha escuchado esto cuando estaba en
la escuela. Nuestros maestros se jactaban de cómo los EE.UU.
era este gran crisol donde todos podían venir desde cualquier
país y encontrar un lugar en esta sociedad si se olvidaba
de su propio idioma, su tipo de comida, su religión, la manera
de vestir y mientras se veía como todo el mundo. Entonces
se podría encontrar un lugar en la sociedad. Como resultado
de eso, la generación de niños que creció conmigo
en Nuevo México no aprendió español. Tengo
cuarenta y cinco años y tuve un montón de amigos hispanos
a quienes sus padres no les enseñaron a hablar español
tampoco... porque en esos días se creía que si se
deseaba calzar en la sociedad y asimilarse, solamente se debería
hablar inglés.
Por eso, una de las primeras tragedias de mi vida
fue crecer separado de mi propia identidad cultural por no haber
aprendido el idioma. No cabe duda que primero hablé español,
pero cuando uno tiene un año y medio el vocabulario es muy
limitado. Por eso, creo que técnicamente mi primer idioma
fue el español, pero ni tanto tampoco. Aparentemente, decía
"no" a montones y eso era mi idioma en un principio.
Al quedar ciego
Creo que tuve las mismas experiencias con mis primeras
experiencias con la discapacidad.
Perdí casi toda mi visión cuando tenía
siete años de edad, pero en aquel entonces aún me
quedaba algo de visión y, para asimilarme como parte de la
sociedad, tuve que tratar de esconder o creía que debía
esconder mi discapacidad. Aunque no veía bien, no deseaba
que nada de mí llamara la atención que tenía
muy mala visión.
Desde que tenía siete no podía ver lo
suficiente para poder leer, pero no quería aprender braille
porque el braille estaba asociado con una discapacidad. El braille
era para los ciegos y, como yo podía ver un poquito, no quería
que me vieran como con discapacidades, como si estuviese dañado,
como si fuera inferior. Traté de pretende que veía
perfecto. Como resultado, crecí con una educación
terrible.
Las bajas expectativas en la educación
Desde la mitad del segundo grado, me dejaron pasar
por la educación hasta graduarme de la secundaria sin exigirme.
Estaba exento de todas las exigencias de lectura y escritura, junto
con las matemáticas. Ahora bien, si se saca la lectura, escritura
y matemáticas del programa de estudios, no queda nada mucho.
También estaba exento de gimnasia (educación física).
Si se crece con una discapacidad y al mismo tiempo se está
automáticamente exento de educación física,
probablemente se está sin moverse en un montón de
lugares. No estaba absolutamente exento, porque recuerdo que en
la educación física de la escuela primaria, cuando
el entrenador nos enseñaba baloncesto, me dejaban como árbitro.
Podía ver lo suficiente para saber lo que estaba pasando,
pero me paraba en los lados y eso me debía haber hecho estar
"totalmente incluido".
Por eso que crecí con una educación
terrible. Ahora bien, me parece que la pregunta lógica debería
haber sido: Está bien, usted se siente así sobre la
discapacidad, pero por qué nadie le habló sobre cómo
se sentía sobre su discapacidad o si no sabían de
los aspectos culturales de la discapacidad, ¿por qué
nadie, por lo menos trató de solucionarla en la parte mecánica?
¿Por qué nadie le hizo aprender braille?
Creo que la respuesta está basada en otras
partes de la experiencia cultural de crecer con una discapacidad.
Es decir, nadie esperaba que fuese algo. Mientras me aparecía
y me portaba bien, la gente pensaba que estaba haciendo lo que mejor
se podía esperar. A nadie le pareció sorprender que
no podía leer, que no pudiera escribir, que no pudiera participar
cuando hacían matemáticas.
Aprendiendo braille
A los 16 años pasé por varias cirugías
al ojo y estuve en el hospital en San Francisco. Fue en ese momento
que me dijeron que me iba a quedar totalmente ciego y el sistema
de rehabilitación mandó un maestro del hospital para
que me enseñara braille. Me trajo un libro que tenía
una letra "A" en relieve y tenía una "A"
en braille debajo, una letra "B" en relieve y bajo ella
una "B" en braille, y suma y sigue. Después me
dijo que se iba de vacaciones y que volvería en tres semanas
para comenzar a enseñarme braille.
Mientras estaba en el hospital no tenía mucho
de nada que hacer, así que me leí las tres partes
del libro. Cuando regresó y le dije que había leído
los tres libros, me hizo que leyera algunas oraciones al final del
último libro y me dijo que, como ya había aprendido
braille, no tenía nada más que enseñarme. Se
fue y nunca más la volví a ver.
Se los cuento no para hablar mal del sistema de rehabilitación,
sino para contarles que si se tiene que indicar cuál es la
peor falla del sistema de rehabilitación en general, es que
se cree servicio o sistema de entrega que soluciona los aspectos
funcionales de la discapacidad. En otras palabras, me vio como persona
ciega y vio la necesidad de enseñarme a leer y escribir en
braille y, no cabe duda que era verdad, pero también necesitaba
alguien que me incentivara.
Mi imagen de mí mismo y las perspectivas de
trabajo
Cuando estaba en el hospital y pensaba cuáles
eran los trabajo que podía hacer una persona ciega, pensé
en dos trabajos. Pensé en ser talento de discos en la radio
o psicólogo. Esos eran los dos únicos trabajos que
creía que podía hacer una persona ciega. Después
de todo, todavía podía hablar, por lo que podría
ser talento o psicólogo. Lo cierto es que mi título
universitario básico es en sicología y me apegué
a ello por bastante tiempo.
Es un gran error pensar que el sistema de rehabilitación
debería tratar de solucionar solamente los aspectos funcionales
de la discapacidad. Creo que si el sistema de rehabilitación
llega realmente a cumplir con sus responsabilidades para ayudar
que las personas con discapacidades logren su integración
real en la sociedad, también debe solucionar los problemas
en actitud y los culturales de las discapacidades tanto como los
funcionales. Necesitaba leer y escribir en braille, necesitaba aprender
a usar un bastón blanco para viajar en forma independiente,
necesitaba aprender algunas técnicas para cuidarme solo,
pero también necesitaba que me dieran esperanzas y perspectiva
e incentivos y que alguien creyera en mí.
El sistema de rehabilitación y las minorías
Una de las cosas que me molestó cuando fui
a Washington en 1994, fue que había habido quejas de personas
de grupos minoritarios porque el sistema de rehabilitación
no les habían dado los servicio necesarios, razón
por la que se pidió un estudio. Lo que el estudio concluyó
fue que las personas de minorías con discapacidades que estaban
en el sistema y tenían las mismas experiencias en la vida
tenían los mismos resultados que quienes no eran de minorías.
Por tanto, que no había discriminación.
Es decir, ¿las personas de las minorías
tenían la misma cantidad de ingresos? No, ganaban menos.
¿Recibían la misma cantidad de capacitación?
No, recibían menos. ¿Cómo se puede decir que
no había discriminación? Bueno, si se ha dejado la
escuela secundaria sin graduarse y se es miembro de un grupo minoritario,
se recibió el mismo tratamiento que cuando no se es de grupo
minoritario. Por tanto, no se tiene la responsabilidad de incentivar
a gente ni tiene sentido ayudar a las personas a lograr todo su
potencial.
Es allí donde principalmente está el
desafío de nuestro sistema de rehabilitación en este
país y creo que la manera de entenderlo es contratar a personas
de la minoría para el sistema de rehabilitación. Personas
que incorporarán diferentes experiencias culturales al sistema
de rehabilitación.
Sensibilidad cultural
Cuando dirigía la Rehabilitation Agency for
the Blind (Agencia de Rehabilitación para Ciegos) en Nuevo
México, uno de los consejeros me explicaba que si sus clientes
llegaban con miembros de sus familias, lo primero que habría
hecho sería insistir que esos familiares se quedaran en la
sala de espera porque lo importante era que la persona con discapacidades
hablara por sí mismo. Seguro. Desarrollar independencia es
algo importante, pero esta técnica demuestra una total ignorancia
de los valores culturales.
En ese entonces y quizás aún lo sea,
Nuevo México era el único estado donde la población
minoritaria era una mayoría. Juntos, los latinos y los nativos
americanos representaban mas del 50% de la población. Y de
nuevo, se ignoran los valores culturales, imposición de aquel
concepto de fundidor que es la forma en que los blancos de nuestra
sociedad funcionan por lo que significa que es la forma en que todos
en nuestra sociedad deben funcionar.
Consideraciones finales
Para concluir, permítanme expresar que creo
que una conferencia como esta es importante por la información,
pero también es importante porque da autosuficiencia para
reunirnos y darnos cuenta que no estamos solos cuando nos enfrentamos
a este problema. No cabe duda que creamos una sinergia o masa crítica
(para usar un término washingtoniano) cuando nos dedicamos
a estos temas. Finalmente, quiero expresar que para expandir las
oportunidades para los latinos con discapacidades, debemos hacerlo.
Tenemos que hacer entender a los políticos de Washington
y los proveedores de servicios en nuestras casas o comunidades,
de nuestro derecho a tener expectaciones altas y de nuestro derecho
a que se respete nuestra cultura.
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