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Soy de Nuevo México. Crecí en una comunidad
del norte de Nuevo México en una pequeña granja. Con
cinco hijos, no se imaginan la pena que mi madre tuvo al darse cuenta
que dos de sus hijos tenían una miopía grave que se
transformó en ceguera. Yo tenía algo de visión
cuando joven y podía leer con anteojos.
La transición a la escuela
A los cinco años, el doctor les recomendó
a mis padres que me mandaran a la escuela para ciegos. Me fui enrabiado,
pero fue lo mejor que mis padres pudieron haber hecho. En la escuela
normal no hubiera habido el tipo de servicios que hubiese necesitado.
[Al ir a la escuela], donde la ciudad era pequeña
y contaba con unos 30 a 40 mil habitantes, pero me parecía
que era una ciudad por ser yo de una granja pequeña. Me quedé
allí por nueve meses. No había teléfono en
casa y no vi a mis padres en nueve meses. Fluctuaba entre dos culturas.
Eso me permitió adaptarme más fácilmente a
las culturas diferentes.
Aprendiendo vergüenza
Fueron dos cosas las que aprendí al crecer
en una escuela para ciegos. Crecí con español en casa
y aprendí inglés en la escuela. Aún se hablaba
español en casa y tenía que aprenderlo nuevamente
cada verano que iba a casa. [Luego tenía que volver a aprender
inglés al regresar a la escuela en otoño.] Tuve que
continuamente aprender los dos idiomas. En la década de los
50, en la escuela para ciegos no se permitía hablar español.
Tuve que aprender a avergonzarme de nuestra propia cultura.
Además, a pesar de tener algo de visión,
seguía identificado como legalmente siego. Creía que
tenía más suerte que esos pobres niños que
eran completamente ciegos. Aprendí a tener vergüenza
de la ceguera. Fue terrible cuando me quedé totalmente ciego.
Durante la secundaria, visité repetidamente
al doctor y me hicieron varias cirugías. El doctor me dijo
que debía parar la actividad física y no debería
participar más en deportes para proteger lo poco de visión
que me quedaba. Como más tarde ya había tan poca visión
que no servía para mucho, seguí mis actividades en
lucha libre, carreras y otros deportes. La gente pregunta si a uno
le es más fácil perder la visión rápida
o lentamente. No sé la respuesta. Pero cuando se la pierde
lentamente, atrasa la aceptación del hecho.
¿Hay vida tras la secundaria?
Mi maestro me preguntó qué deseaba
hacer después de la graduación. No tenía idea
alguna. Mis padres no tenían mucha educación. Sabía
que había músico ciegos, ciegos en los talleres y
unos pocos vendedores ciegos en el programa de ventas. No creía
que eran buenas opciones para mí.
Otros jóvenes hablaban de ir a la universidad.
Mi consejero me convenció que fuera a la universidad, pero
aún así no sabía lo que quería hacer.
Servicios de Rehabilitación Vocacional insistió en
un objetivo vocacional claro. Me cambiaba de curso de estudios cada
vez que pasaba algo. Finalmente, creo que encontré que mi
profesión era trabajar con gente.
De vergüenza a expectativas ilimitadas
Fui director de servicios de rehabilitación
para ciegos en Washington, D.C. Cuando cambió mi actitud
hacia la ceguera y ser latino fue cuando trabajé para las
organizaciones de servicios. El juntarme con otros latinos y otros
ciegos que tenían éxito me ayudó a pensar mejor
de mí mismo y a exigirme más.
Esta conferencia Creando Puentes es la forma perfecta
en que los latinos con discapacidades pueden hacer conexiones con
otros latinos con discapacidades. Adónde seguiré desde
aquí no lo sé, pero el límite es el horizonte.
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