|
Recibí el llamado estando en mi oficina. Mi
esposa, que era quien me llamaba, sollozaba desconsolablemente desde
la clínica médica. El doctor dice que a nuestro
bebé le necesitan hacer pruebas de síndrome Down
me pudo decir. Recuerdo muy poco de lo que pasó desde ese
momento en adelante, pero lo que sí recuerdo claramente es
cómo me sentí. En ese preciso instante, la tierra
se abría en un inmenso hoyo negro y yo caía en él
con una indescriptible sensación de vértigo. Las siguientes
tres semanas fueron las más largas de mi vida mientras criábamos
a nuestra hija recién nacida y esperábamos los resultados
de los exámenes. Afortunadamente para nosotros, los exámenes
resultaron negativos y, como despertando de una pesadilla, continuamos
con nuestras vidas y dejamos esa experiencia en el pasado.
Muchas familias no tienen tanta buena suerte como
nosotros y, el haber tenido que pasar por el susto, me hizo cambiar
para siempre en lo que siento hacia los padres de niños con
problemas de desarrollo y físicos.
Visitando familias latinas con niños con discapacidades
Varios años después, trabajé en consultorías
como especialista de evaluación en comportamiento bilingüe
visitando familias latinas con niños con necesidades especiales
y ayudándolos a solucionar problemas de comportamiento. Debo
admitir que se hacía bastante difícil entrar a las
casas de estas familias admirables y pasar de experto.
Mi experiencia temprana con mi hija me hizo darme cuenta con humildad
que aquellos que pasan por la experiencia de criar niños
con problemas de desarrollo saben de qué se trata. Visité
una cantidad de hogares y solamente espero haber dado sugerencias
y recomendaciones que en algo ayudaron. Quizás fui yo quien
salió mejor beneficiado al haber conocido a tantas familias
amantes, tolerantes y dedicadas a la crianza de niños en
situaciones extremadamente difíciles.
Viendo una tendencia hacia el aislamiento
Me tocó trabajar con familias inmigrantes de origen mexicano
que tenían que enfrentarse no solamente no solamente a la
situación de inmigración, adaptaciones culturales
y recursos financieros limitados, sino también a las responsabilidades
adicionales y al esfuerzo necesario de criar para criar hijos con
necesidades especiales. Soy un convencido que la mayoría
de estas madres y padres tenían algo más que la cantidad
suficiente de amor y paciencia para sobrepasar estos obstáculos.
A pesar de ello, me di cuenta que había una tendencia a aislarse
y a enfrentarse solos a estas fuentes de tensión y a ignorar
sus propias necesidades de apoyo y amor.
Centro de salud mental cerca de la frontera con México
Existe una tendencia similar en las familias de los niños
con serios disturbios emocionales que ahora atiendo en el centro
de salud mental que administro cerca de la frontera con México.
A veces parece contradictorio que los latinos, a quienes se reconoce
como sociables, amigables y a quienes les encanta compartir con
gente, obvien uno de sus básicos sistemas de apoyo en los
momentos en que más lo necesitan.
La compañía de nuestra familia y amigos
durante esas tres largas semanas cuando mi esposa y yo esperábamos
los resultados de los exámenes fue la mejor medicina contra
nuestras preocupaciones y ansiedades. No puedo, por tanto, dejar
de pensar seriamente en la pregunta de por qué tantos prefieren
enfrentarse solos a los problemas. Las conclusiones a las que he
llegado no son pocas y, tanto como los asuntos de la mente y el
espíritu, son complejos y específicos a cada persona.
Vergüenza y deshonor en nuestra cultura
A pesar de todo, me atrevería que algunas de las razones
más comunes que he encontrado en muchos años de compartir
historias íntimas de las vidas de mis clientes. La vergüenza
y el deshonor son quizás la explicación más
frecuente para mantener escondidos nuestros problemas.
Pensándolo bien, dentro de nuestra cultura
latina siempre nos ha preocupado sobre lo que otros piensan, El
qué dirán, lo que otros puedan decir, ha sido
una fuerza poderosa para controlar nuestro comportamiento pasado.
Esto se refleja en el dicho la ropa sucia se lava en casa.
Cuando me pongo a pensar en las comunidades pequeñas
donde todo mundo se conoce, donde casi no hay fuerzas policiales
y casi siempre hay estructuras de gobierno ineficaces, tiene sentido
el que históricamente nos hallamos acostumbrado a las opiniones
de nuestros vecinos y, por tanto, sean la vergüenza y la deshonra
los mecanismos para el control social y el obedecer las leyes. Nadie
puede negar que el catolicismo, tan general en Latinoamérica,
debe haber ayudado a incrementar el poder de emociones tan exigentes.
Marianismo y Fatalismo
Otro de los factores que siempre se nombran en la literatura y que
está firmemente asociado a la religión es el Marianismo
o la inclinación de la mujer latina en su devoción
por otros y a sufrir en silencio. Ayudando a la mezcla se encuentra
el Fatalismo o la idea popular y profundamente enraizada
en nuestra forma de pensar que algo malo nos pasa es porque dios
lo mandó porque debemos haber hecho algo malo. Más
aún, no podemos hacer nada al respecto.
Desde mi punto de vista, aunque todas estas creencias
y tradiciones puede que estén enraizadas en nuestra cultura,
evolucionan. Puede que hayan sido funcionales y útiles en
el pasado y puede que hayan servido a nuestras poblaciones de manera
positiva. Pero en cuanto adaptamos nuestra cultura [a la de este
país] y, al mismo tiempo seguimos adaptándonos a este
mundo rápidamente cambiante, también debemos eliminar
los valores e ideas que no nos sirven. Podemos hacerlo sin perder
el orgullo a nuestra cultura y manteniendo nuestras características.
Nuestra fuerza latina el sentido de comunidad
y querencia
Una de nuestras fuerzas y valores positivos como latinos es nuestra
habilidad de comunicarnos, hacer amistades, cuidar y aceptar a la
gente. Hay mucho que decir sobre los beneficios que podemos sacar
si usamos todas estas cualidades y nos unimos, nos apoyamos los
unos a los otros y nos relacionamos unos a otros con el amor, la
compasión y la aceptación incondicional con los que
a los latinos se nos conoce.
Como profesional latino de la salud mental, me gustaría
hacer un llamado a todos aquellos maravillosos padres a que hagan
un esfuerzo para juntarse e interactuar con otros que están
pasando por las mismas situaciones. En todas partes existen oportunidades
para formar grupos. Se puede conocer a otros padres que pasan por
lo mismo en las escuelas y organizaciones y se puede juntar en grupos
en las bibliotecas y en otros sitios comunitarios. No hay nada mejor
que sentirse comprendido y recibir apoyo de aquellos que saben cómo
uno se siente.
¡Si se puede!
formato para imprimir |