logo de proyecto visión, una página bilingüe de la red para Latinos con discapacidad
 English página principalrecursosboletínoportunidadeshistorias de éxitoanunciospuentes hacia del trabajofaq/sobre proyecto visión
Si usted pudiese caminar una milla en mis zapatos...

por Linda Mastandrea



foto de Chaack Sánchez conversa con Helga Mattei
Chaack Sánchez, que busca trabajo, conversa con Helga Mattei, Directora de Hispanic/Latino Initiative, North Carolina Community College System

foto de Francisco Sánchez
Panelista Francisco Sánchez

foto de Leticia López
Panelista Leticia López

foto de Francisco Chávez conversa con Joy Weeber
Francisco Chávez, panelista, conversa con Joy Weeber del centro Ron Mace Center for Disability Community Development

Una de las actividades más importantes que se da en cualquier conferencia es aprender de otros que han pasado por lo mismo que usted. La conferencia Building Bridges de este año le dio a los participantes la oportunidad de oír a gente que ha hecho lo que debe - la familia de un joven con síndrome Down, un recién graduado de escuela secundaria con discapacidades visuales y un señor a quien le amputaron un brazo por un accidente de trabajo cuando era niño. Vinieron a la conferencia Bridges to Employment a compartir sus experiencias vividas como latinos con discapacidades o con familiares con discapacidades. Vinieron a ofrecer no solamente sus historias y sus luchas, sino que a dar una visión del futuro y de las posibilidades del futuro.

La competencia Olimpíadas Especiales conllevan oportunidades nuevas

Leticia López y Francisco Sánchez llegaron de México a Estados Unidos con Chaack, que ahora tiene 22 años, seis años atrás a los juegos mundiales de las Olimpíadas Especiales. Chaack jugaba fútbol en el equipo mexicano, que ganó una medalla de oro. Se quedaron aquí. Aunque no pueden decir que están seguros que desean quedarse para siempre, saben que su hijo tiene mejores oportunidades aquí.

Aquí en Estados Unidos, su hijo se pudo graduar de secundaria, mientras que en México solamente lo habrían dejado ir a la primaria. También se les hizo posible encontrar un doctor que pudiese reparar su fisura palatina. Francisco y Leticia viven aquí por medio de visas de trabajo y Chaack también tiene visa, pero aunque puede ser voluntario, no le permite trabajar. A pesar de habérsele ofrecido aquí mejores oportunidades a su hijo en áreas de la discapacidad, se dan cuenta que la oportunidad de trabajo no es una de ellas.

El Sr. Sánchez está preocupado por su hijo en cuanto a su discapacidad, su idioma, las diferencias culturales, y sus destrezas. Quieren asegurarse que tenga las mejores oportunidades, ¿pero cómo? En el verano pasado quisieron ir a México a visitar a la familia, pero en la escuela de Chaack creyeron que se retrasaría en su inglés si no iba a la escuela ese verano. La familia se impuso y se fueron a México y, felizmente, su exposición al inglés por medio de la escuela y las Olimpíadas Especiales le ayudaron.

Tanto Leticia como Francisco dicen que su más grande frustración es la falta de educación vocacional para su hijo tanto en México como Estados Unidos. Están seguros que es más capaz que limpiando mesas en McDonalds, pero nadie le ha dado la oportunidad.

La cuarta vez es la segura

Felipe Cabrera entiende muy bien la falta de oportunidades. Originario de República Dominicana, emigró a Puerto Rico en una barca hecha a mano con más de cien personas atochadas y peligrosas donde muchos murieron durante el viaje.

Pero el viaje del Sr. Cabrera no comenzó allí. Comenzó a los 13 años, cuando se lesionó en un accidente en que perdió el brazo. Como no tenía medios, le tomó varios años después del accidente para comprar una prótesis, lo que le hizo casi imposible el trabajo. Finalmente, cuando tenía 19, obtuvo una prótesis y un trabajo.

Estaba joven, recientemente casado y sin ganar mucho dinero. Decidió tratar de irse a Puerto Rico a trabajar y mantener a su familia. En su primer intento lo pillaron y deportaron. Volvió a tratar treinta días después, lo pillaron y deportaron. Sin darse por derrotado, trató otra vez a los treinta días y lo pillaron y deportaron nuevamente. Le tomaría un año para hacer lo que sería el cuarto intento donde lograría éxito.

Antes de irse, su esposa, embarazada, le advirtió "esta vez serán los tiburones los que te agarren". Esta vez, la suerte le acompañaba y ni la migra ni los tiburones le agarraron. Llegó a Puerto Rico y empezó a trabajar en los campos como trabajador agrario migratorio. También trabajó en construcción cuando pudo y mandaba dinero a su familia.

A pesar de ello, no estaba satisfecho. Deseaba más para sí. Un amigo y él se matricularon en una escuela vocacional para aprender a construir casas para familias pobres. El Sr. Cabrera completó la mayor parte de sus estudios antes que el director de la escuela se diese cuenta que era indocumentado y le expulsó de la escuela, tras lo que regresó a los campos pensando que sería por poco tiempo. Finalmente, durante el gobierno de Reagan hubo una amnistía para trabajadores agrícolas, lo que le permitió sacar su residencia. La agencia de rehabilitación vocacional de Puerto Rico le pudo ayudar a conseguir la prótesis nueva que tanto necesitaba.

En 1991, partió al continente y siguió trabajando en los campos del país hasta que se asentó en Carolina del Norte en 1994. En 1996 solicitó el traer a su familia de República Dominicana, pero se le dijo que su trabajo agrícola no era suficiente para mantenerles. Necesitaba algo más que hacer, ¿pero qué?

La suerte hizo que un día, mientras cargaba una canasta de pepinos, el Dr. Nolo Martínez, de AgrAbility, pasó buscando a alguien que hiciera extensión para su programa y le dijo "Tengo un trabajo para usted. Puede traer a su familia". Cuando el Sr. Martínez le dijo a Felipe que necesitaría un carro, las esperanzas se le cayeron: no lo tenía. Pero el Sr. Martínez no se retractó y le dijo "Está bien, Yo lo paso a buscar", y lo hizo. Ya para el 2001 Felipe pudo traer de República Dominicana a su esposa y tres hijos y pudieron vivir como familia por primera vez más de una década.

Ahora, el Sr. Cabrera sigue trabajando en los campos, pero en vez de cosechar, pasa el tiempo compartiendo información sobre la División de Rehabilitación Vocacional, Vida Independiente y del programa AgrAbility con los trabajadores migratorios del estado. El desarrolla y planifica capacitación para los trabajadores y ayuda a identificar a aquellos que tienen discapacidades que pueden recibir apoyo de la agencia de rehabilitación vocacional. Indica que se siente afortunado que el Sr. Martínez lo escogiese allá en el campo aquel día y espera que la información que comparte con los trabajadores sea la suficiente para permitirles obtener mejores perspectivas para sí y sus familias.

Una visión para el futuro

Francisco Chávez, de Oaxaca, tiene solamente 18 años y está recién graduado de secundaria y tiene impedimentos visuales, no comenzó la vida de esta manera, ya que tuvo visión perfecta hasta los 16 años. Su vida cambió drásticamente en el verano inmediatamente anterior al ingreso al segundo año de secundaria porque rápidamente le comenzó a crecer un tumor cerebral que le encegueció. Como mucha gente que sufre discapacidades, se sintió deprimido, asustado e incierto de su futuro. Si los acontecimientos recientes sirven de indicación, Francisco no tiene nada de qué preocuparse. No solamente se graduó el primero del curso en la secundaria, sino que era el presidente del consejo estudiantil, hacía atletismo, competía en lucha libre y se hacía tiempo para hacer de voluntario en el centro médico local. Además, fue el primer latino elegido al Consejo de Vida Independiente del Estado.

Su objetivo es de ir a la universidad y ganarse la vida, pero al igual que Leticia y Francisco Sánchez, está en la misma situación. Es decir, Francisco fue a la secundaria como estudiante indocumentado, pero ese privilegio no está disponible en la universidad. Le aceptaron en la universidad de Carolina del Norte, pero no puede pagar la matrícula y tampoco puede solicitar servicios de rehabilitación vocacional como consecuencia de su situación de inmigración.

El lema de su escuela secundaria "Más vale por la fe que por la vista" sigue siendo su contradicción, a pesar de la aparente situación sin salida. Sabe que, como lo ha hecho anteriormente, sobrepasará los desafíos e irá a la universidad y conseguirá trabajo. Dice que la educación es la mejor clave para el éxito tanto para él como para otros latinos con discapacidades. Por ahora, piensa asegurarse de conseguir tal educación.

formato para imprimir